8 febrero 2026 (3): Elisa Mouliaá retira su acusación a Íñigo Errejón por abuso sexual
- Javier Garcia
- hace 1 día
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Después de que la Fiscalía del Estado no hallara indicios suficientes de delito y, por tanto, hubiera decidido que no se personará como acusación pública en el juicio, solo queda para sostener la causa la Asociación de Defensa Integral de Víctimas Especializada (ADIVE) que, rara avis enre las organizaciones dedicadas a proteger a quienes sufren agresiones sexistas, ha dado una entrevista a OK Diario y sus actuaciones en la defensa de otras víctimas han sido reflejadas por, nada menos, que el ABC.
La actriz y presentadora ha aducido razones personales y de salud para adoptar tal decisión, que no supone una retractación de los hechos denunciados.
Sinceramente, no encuentro sentido a este movimiento de Elisa Mouliaá; sobre todo teniendo en cuenta que, desde el primer momento, Sumar y la práctica totalidad de los medios de comunicación sintonizaron con su demanda, poniéndose de su lado; hasta la judicatura encontró elementos que sostenían la querella y razones suficientes para llevar el caso a juicio. ¿Va a ser menos traumático para ella encarar públicamente su cambio de viento que declarar como víctima en la causa contra el que fue uno de los fundadores de Podemos?
No quiero formular ninguna hipótesis al respecto, pero lo que tengo muy claro es que su decisión deja descolocados a quienes la apoyaron y causa un daño notable a las muchas otras mujeres que han sido maltratadas o agredidas, al tiempo que cubre de una espesa niebla de dudas aquellos abusos sexuales que no cuenten con pruebas irrefutables de haberse cometido; y el discurrir del caso de una concejala de un municipio de Madrid, pocas horas después de la decisión de la señora Mouliaá, con la culpabilización de la denunciante por el propio entorno de la presunta agredida, puede ser la senda habitual por la que se diluyan muchos otros asuntos del pelo si las propias víctimas no son decididamente contundentes y rápidas en la denuncia de los hechos. En definitiva, parece que se puede poner en cuestión la palabra de todas las supuestas agredidas, la de quienes la usaron en vano y la de las víctimas auténticas, que es el sueño húmedo de todo victimario.
