8 febrero 2026 (1): La mortalidad de los inmortales
- Javier Garcia

- hace 1 día
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Es el caso que esta semana ha fallecido un renombrado empresario vasco que, por razones profesionales, me era muy conocido (aunque nunca tuve relaciones personales ni laborales directas con él). Y solo era dos años mayor que yo.
Gozaba de un gran predicamento como impulsor de dos sectores industriales nuevos en el país: el aerospacial y el eólico; y había sido interlocutor habitual de diversas administraciones en casi todas las iniciativas público-privadas de cierta entidad.
Pero como todos, era mortal. Lamento su pérdida al tiempo que ese trágico desenlace de un malestar que, al parecer, se inició solo unas pocas horas antes del deceso, me hace pensar, como tantas otras veces, en la extrema fragilidad de la condición humana.
Fragilidad que a todos nos convendría tenerla más presente de lo que solemos con el propósito de vivir una existencia más plena y, por qué no, más unida a la familia, los vecinos, los conciudadanos, los humanos en general y hasta el resto de los seres vivos, que son el resultado de la misma evolución biológica sucedida en este perdido planeta del infinito cosmos.
Da lo mismo lo poderosos que seamos, la sabiduría que hayamos acumulado o los hechos maravillosos de los que hayamos sido protagonistas, el final de todos es siempre el mismo. Circunstancias, todas las mencionadas, que al difunto no le sirven de nada. Da igual que se haya vivido una vida plena, llena de grandes experiencias, u otra extremadamente miserable; el protagonista de esas historias no puede hacer balance, es más, vuelve a la inexistencia, a la misma nada que antes de ser... y no volverá a nacer para hacer un examen crítico de la experiencia anterior porque no hay experiencia posterior.
La vida no tiene pues otro sentido que su temporal discurrir, y en ese contexto, tras la muerte, solo quedan, por un tiempo, también relativamente corto, las impresiones que nuestras acciones hayan causado entre los demás que nos sobrevivan. Que sean buenos los recuerdos que dejemos es a lo máximo a lo que podemos aspirar, y por tiempo limitado, el que duren nuestros coetáneos.

Quién era?