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6 septiembre 2023 (2): La abogacía de las causas inexistentes

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 1 día
  • 2 min de lectura

Ayer nos enterábamos por la prensa de que la Federación Española de Fútbol, con el buen ánimo de ayudar a sus deportistas afiliadas en la compaginación de sus carreras profesionales con sus proyectos familiares, proponía un plan para congelar óvulos de las jugadoras que así lo deseen.

Como cualquier cosa que se intente poner en marcha y que afecte a las féminas, ya ha suscitado la inmediata crítica. Y ha saltado una experta en saltos (al parecer de todos los tipos) diciendo que "no vendan la medida como feminista. La pregunta debería ser cómo conseguimos que ser madre no penalice la carrera".

Vamos a ver, como no sea el deporte concernido el ajedrez, veo muy difícil, por no ser aún más taxativo, que una gestante o alguien en sus primeras semanas como madre pueda continuar desempeñándose en su especialidad competitiva. Así que ante esa evidencia, que no es política ni socioeconómica, el margen de maniobra en cada momento dado se limita a escoger entre tener descendencia o seguir practicando el deporte profesional.

Afortunadamente, quienes no quieran renunciar a ninguna de las dos cosas ahora pueden compatibilizarlas demorando el embarazo, gracias a las nuevas oportunidades que abren estas técnicas de fertilización por la conservación criogénica de los óvulos (antes las atletas abandonaban la competición un par de años, y es lo único a lo que alternativamente se puede recurrir). Lo demás son declaraciones vacías que, creo, persiguen más permanecer en el candelero que contribuir a un debate sosegado sobre el tema.

Porque la tercera opción, esa que baraja la polemista sin decirlo, pasaría por pagar a la involucrada, encinta o recién parturienta, como si estuviera en plenas condiciones físicas y psicológicas, dándolo todo en la cancha que sea. ¿Esa su exigencia es para cualquier deportista o solo para las que compiten en la élite? No lo dice, pero estad seguros de que habla de la segunda alternativa, porque cree que es la que tiene una mínima viabilidad y, además, es la que a ella le interesa. Pues siento contradecirla: no es sostenible porque las deportistas profesionales no son trabajadoras por cuenta ajena, que están plenamente legitimadas a disfrutar de las bajas a las que la maternidad las obligue, sino una suerte de especialistas de excelencia (alguno las podría calificar de mercenarias, dadas las ganancias estratosféricas de las más afortunadas) que cobran muy bien, pero exclusivamente, por su "performance", al alcance de muy pocas, tampoco de ellas mismas encinta o nada más alumbrar.

Dejémonos de gestos para la galería y trabajemos por los derechos de las inmensas mayorías, que están pasando por horas muy bajas.

 
 
 

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