30 agosto 2026 (2): Seventy nine tones
- Javier Garcia

- hace 2 horas
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Hoy termina la Semana Grande de Bilbao, las fiestas de la ciudad donde nací y crecí, vamos. Y, en el curso de esos siete (en realidad nueve) gloriosos días, la gente, lo imagino porque yo no he estado, lo habrá pasado cañón; pero entre tanto despiporre hay que dar carta de naturaleza a unos cuantos datos acerca del impacto del evento para nada satisfactorios.
No voy a citar todos ellos, no vaya a ser que me tildéis, con toda la razón, de aguafiestas. Pero permitidme centrarme en uno que me ha llamado especialmente la atención: el fiestón ha generado setenta y nueve toneladas de basura diarias. De acuerdo que son muchos miles de festejantes, incontables litros de bebidas que han refrescado los sedientos gaznates de los desmadrados, e inimaginables cantidades de comida servida y, a veces, tirada directamente a la basura por decisión de la autoridad competente; pero, con todo, me impacta el volumen de los deshechos acumulados y, lo que es peor, tener la convicción de que una parte significativa de ellos ni siquiera ha sido vertida por sus generadores en los recipientes habilitados a tal efecto, sino que se ha desperdigado por los suelos ciudadanos hasta integrar una informe y maloliente masa de componente preponderantemente orgánica, pero también con cierta contribución de plásticos, vidrios y cartones diversos que, inevitablemente, habrá sido dispersada sobre una amplísima superficie por los zapatos del gentío, deslizados al variopinto ritmo de las distintas actuaciones musicales.
Los correctos me replicarán que no me preocupe, que hay un importante presupuesto de la bacanal destinado a limpiar toda esa hediondez, de modo y manera que la ciudad podrá lucir sus mejores galas mañana mismo. Pues qué queréis que os diga, el tal retén de limpieza no tranquiliza mi inquietud medioambiental, porque todo se recogerá como mezcla inclasificable que es, imposibilitando una correcta gestión de semejante barullo de restos. Al tiempo esto me produce indignación, porque las administraciones, incluido el Excelentisimo Ayuntamiento de Bilbao, nos exigen durante el resto del año una cuidadosa separación de cada tipo de desperdicio, so pena de las multas correspondientes, mientras que, insisto, por el motivo festivo que gloso, se permite transformar la villa en ciudad sin ley medioambiental durante el inacabable lapso de nueve días del todo permisivos. Alguien podría escribir un reguetón de esos horribles para bendecir semejante destrozo (setenta y nueve toneladas diarias de mierda envueltas en el bonito paquete de la diversión), y que muy bien podría titularse "Seventy nine tons"; aunque yo prefiero la histórica y reivindicativa canción "Sixteen tons" que denunciaba la explotación y exaltaba el mérito de los mineros del carbón norteamericanos. Qué bajo estamos cayendo en lo musical, en lo socioeconómico y en lo político.

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