30 agosto 2026 (3): Misteriosa visita
- Javier Garcia

- hace 2 horas
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La semana que concluye nos ha proporcionado la sorpresa de la inopinada visita del jefe de la CIA a Moscú. Por supuesto que ni Rusia ni los Estados Unidos han dado explicación alguna de tal contacto, hasta el punto de que ni siquiera es claro con quiénes se ha reunido el mandamás del espionaje americano; así que a los mortales de a pie no nos queda otra que especular o esperar acontecimientos, que es lo que llevamos haciendo en relación a este misterioso conflicto desde hace algunos años.
El encuentro puede ser una excelente o pésima noticia. Estaríamos en la primera circunstancia si las conversaciones que hayan tenido lugar supusieran el inicio de un arreglo diplomático del conflicto, y en la segunda si el tal desplazamiento fuera una suerte de advertencia contra la escalada del conflicto, sea esta de la naturaleza que sea.
Voy a dar la razón a quienes piensan que soy un tanto pesimista, de modo que me inclino por la segunda alternativa. Y tengo mis razones para ello: Occidente, ante el derrumbamiento de las líneas defensivas ucranias y el agotamiento de sus tropas, ha elevado su involucración en el conflicto, proporcionando armas de gran alcance y ofreciendo un mejorado soporte electrónico y para las telecomunicaciones al bando estepario; y, como consecuencia de todo ello, la población rusa lleva meses sufriendo el desabastecimiento de combustible y los ataques del enemigo sobre objetivos civiles. Al tiempo, crece la denominada guerra híbrida rusa contra sus vecinos integrados en la OTAN con razones, pretensiones y consecuencias aún por aclarar.
O sea, que los antecedentes de la visita no son precisamente halagüeños. No llega tras cierta distensión en los frentes ni después de acuerdos que mejoren las condiciones de los militares apresados o las de los civiles víctimas de los bombardeos. Muy al contrario, el alto funcionario norteamericano se ha presentado en Moscú tal vez en el peor momento de esta malhadada guerra. A ello hay que sumar que no parece que un jefe del espionaje yankee sea el más adecuado Hermes de la paz; para eso Washington tal vez elegiría algún otro perfil.
Total, que esto huele a que Rusia se ha cansado de utilizar guantes para su combate contra Ucrania y valora seriamente pasarse a las manos desnudas y huesudas, que hacen mucho más daño; y el comisionado norteamericano ha sido destinado para contraprogramar tal propósito. Quiero decir que Moscú tal vez esté dispuesto a multiplicar su apuesta bélica, poniendo en juego más hombres y más armas, con mayor capacidad destructiva (porque las tiene, y por estos lares algunos olvidan ese tremendo peligro), y el cargo de la CIA no ha ido a la taiga a repartir entre los funcionarios del Kremlin dulces autóctonos de su continente sino avisos.
Que unos y otros nos pillen confesados.

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