27 septiembre 2026 (2): Muy modernos, pero con ciertos límites

Como el actual alcalde de Bilbao no se va a presentar, o no le dejan presentarse, para una nueva legislatura al mando de la más grande villa vizcaína, hace algunas fechas que el PNV, su partido y el de tantos, había nombrado nuevo candidato a tal puesto: el señor Mikel Hidalgo que, la verdad, yo no conocía de nada, pero que, a juzgar por los panegíricos redactados para ensalzar sus capacidades, él, y no el saliente, sí que conoce Bilbao mejor que nadie y las recetas para rescatar mi ciudad de la degradación que está experimentando.
Es el caso que el tal candidato se ha casado "con su pareja", según "el Correo" y más sorprendentemente aún, también según "Deia", periódico oficioso del Partido Nacionalista Vasco. Y digo yo: lo insólito hubiera sido que se casara con una persona absolutamente desconocida o, lo que sería todavía más inaudito, con un animal o, como un señor de no sé dónde, con una muñeca hinchable.
Entiendo (no he dicho que apruebe) el recurso lingüístico cuando veo la foto ilustrativa de la ceremonia y aprecio que los retratados son dos hombres. ¡Acabáramos! Lo que con tanto remilgo se oculta es que el señor Hidalgo se ha desposado con una persona de su mismo sexo, o sea, que el candidato a alcalde del PNV es homosexual.
Por supuesto que defiendo el derecho de este caballero, y de cualquier otro, para formalizar su convivencia con quien quiera, sea esta relación de la naturaleza que fuere. Y, por eso, me choca y repugna el tratamiento informativo dado al tal evento.
Pero los derechos están en ocasiones reñidos con los intereses electorales y las bases más inquebrantables de la fuerza electoral del PNV están constituidas por ciudadanos añejos, aquejados de indisimulables tics carcas. Así que quienes ya se encargan de la precampaña de este candidato han decidido correr un tupido velo sobre la vida privada del recién casado, no vaya a ser que su orientación sexual les dé un disgusto, teniendo en cuenta que sus militantes y simpatizantes se califican como partidarios de Dios y las Leyes Viejas.
En definitiva, en esta santa arena política sobre la que disputan nuestros aspirantes a cargos públicos se ha de pelear del lado progresista o del conservador, inscribirse en los dos equipos a la vez no es ni posible ni, mucho menos, ético.

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