27 septiembre 2026 (1): Cuídate

Esta es la cantinela de despedida después de cualquier encuentro que se ha hecho habitual tras la pandemia y que te repiten los familiares, los amigos, los médicos y hasta los interlocutores profesionales sin persuadirse de su trasfondo negativo.
Para seguir ese consejo, o imposición, hay que dormir ocho horas, y de calidad, no valen los ojos entornados o el duermevela; es imperativo lavarse los dientes tres veces al día, tras cada comida principal, y no es aceptable un por aquí pasó María, debemos luchar contra el sarro intersticial mediante el hilo dental y, para acabar, enjuagarnos con colutorio; es preciso hacer ejercicio, cardio y de fuerza, que no se nos olvide ninguno de los dos; es mandatorio leer y escribir con bolígrafo o lapicero, no vaya a ser que se resientan las capacidades motoras; estamos obligados a comer saludable: grasas saturadas y azúcares, prohibidos, alimentos con fibra hasta el hartazgo de un rumiante y, claro, nada de alcohol ni de lo que precisa un derroche de dedicación y esfuerzo, porque lo rico es complejo de preparar (roba tiempo para las actividades más productivas) o carísimo o insalubre; se considera obligatorio tener a mano, y darse, multitud de cremas... para la cara, las manos, el cuerpo...; y guardar un cierto tiempo para uno mismo que se pueda dedicar al cuidado de las amistades y el alterne, pero sin tóxicos (para eso se ha inventado la cerveza sin alcohol).
El caso es que quienes nos proponen esa vida monacal no sugieren evitarnos los daños causados por una legislación laboral que precariza los empleos hasta límites insoportables, de modo que el stress arruina el sueño y la salud más que los llamados malos hábitos, tampoco hacen nada por menguar la numerosa población de jefes estultos y tiránicos o la de clientes que confunden sus derechos con el de pernada, permanecen impasibles ante los excesos financieros de prestamistas y propietarios de inmuebles y, en fin, achacan por omisión las enfermedades y las discapacidades a las víctimas.
Somos los culpables de nuestras miserias, las físicas y las económicas, por no hacer las cincuenta sentadillas diarias que un gurú del bienestar nos recomendó encarecidamente.

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