27 septiembre 2026 (3): Así que el efecto llamada era esto

Leo, impactado, que en un polígono industrial de Sestao (para los lectores no vizcaínos el municipio de la margen izquierda de la ría bilbaína que acogía la mayor parte de las instalaciones de los Altos Hornos de Bizkaia), supongo que a primera hora de la mañana, tiene lugar todos los días una suerte de subasta de carne humana; o sea, que empresarios y autónomos sin escrúpulos llegan con sus furgonetas y alquilan por siete euros la hora a migrantes irregulares sin derecho alguno.
Me indigna este esclavismo de nuevo cuño; por el maltrato a estas personas, que han de vivir por debajo del más mínimo estándar aceptable de calidad de la existencia, y por la impunidad con que funciona ese mercado laboral de los horrores, también dañoso para empresas y trabajadores regulares y honestos.
Que no me digan los distintos cuerpos policiales y las autoridades de las que dependen que no tenían información de esta cruel práctica económica, cuando un periódico se ha personado en el lugar de los hechos y ha filmado la actividad cotidiana que allí tiene lugar cualquier día laborable, y no sé si festivo también.
Naturalmente que el bochornoso espectáculo de Sestao tendrá sus exactas réplicas en centenares, si no millares, de otros espacios de la vergüenza de la industria, la agricultura, la ganadería y los servicios. O sea, que la debacle socioeconómica actual deviene de una tolerancia intolerable, valga la reiteración, de la economía sumergida. Porque el mercado laboral soterrado implica salarios indignos y la esclavitud de los recién llegados sin papeles, la discriminación por desempleo de los trabajadores autóctonos y de los foráneos legalizados, el escamoteo de las debidas contribuciones a la seguridad social y de los correspondientes impuestos y, finalmente, un efecto llamada insaciable para que nuevos brazos crucen la frontera ilegalmente y aumenten sin límite la población de un país cuya riqueza ya no da más de sí para mantener a tantos.
Ya saldrá alguno que me replicará que determinadas actividades no serían competitivas cumpliendo la ley. ¡Mentira! El uso de la mano de obra esclava no está vinculada a la competitividad, sino al ánimo de lucro extremo de empresarios inmorales que, no por explotar a los más desprotegidos, abaratan sus mercancías y manufacturas.
Apelo a la conciencia de los cargos públicos, sean del color político que sean, para que dejen de tolerar estas inhumanas prácticas, el trabajo y su regulación son sagrados.

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