20 septiembre 2026 (3): Todos somos caballas... ¿o no?

Todo buen cocinero sabe que la mezcla de determinados ingredientes arruina algunas recetas. Pues bien, la mente de un empresario valenciano había parido una campaña de apoyo a los ceutíes consistente en que los jugadores de fútbol de primera división lucieran unas camisetas con la frase que titula este artículo (excluyendo el "¿o no?", que es de mi cosecha).
Total que, volviendo al símil gastronómico, los rifirrafes identitarios y el fútbol maridan muy bien o demasiado mal, y pueden transformar la mejor salsa o el pescado más fresco (están los peces desubicados, y lo mismo se alojan en lujosos áticos, bastantes metros sobre el nivel de las aguas, que saltan del plato a las equipaciones deportivas) en un engrudo de difícil deglución. Y sucedió que a un jugador que lució el eslogan, y que es marroquí, le increparon acusándolo de traidor algunos compatriotas, que ven La Liga española y hasta seguro que han jaleado sus goles en anteriores ocasiones. Eso de un lado, porque de otro, tres jugadores, de origen africano, más o menos próximo, más o menos remoto, que se cuentan entre los extranjeros más prestigiosos y mejor retribuidos que juegan en este país, se quitaron discreta, pero rápidamente, las endemoniadas camisetas caballunas arguyendo que la frasecita en cuestión destilaba cierto tufillo racista.
Tras los incidentes, confieso que me confunde el propósito de los proponentes de la iniciativa (después de conocer el inquietante texto completo de las prendas en cuestión no apostaría en favor de la buena intención, aunque tampoco hay pruebas de que su objetivo fuera revolver la mierda), así como la actitud de los futbolistas (muy remilgados ante cualquier supuesto ataque a la corrección, pero siempre alineados con los intereses, aún ante el riesgo de que sean bastardos, de quienes les pagan generosísimamente) y, lo que es peor: no discierno vencedores y derrotados en la polémica; solo adivino que la controversia se extinguirá en breve, si es que para la fecha de la publicación de este artículo no está ya sofocada, mientras que los ceutíes y los marroquíes que acabaron con su tranquilidad habrán de seguir cruzándose en la calle y los partidos de fútbol seguirán celebrándose con europeos, magrevíes y subsaharianos salteados entre los diferentes equipos balompédicos, libres de todo control fronterizo y en feroz competencia por los títulos de la temporada, que son los que, no lo dudéis, importan a la mayoría de los inconscientes observadores.

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