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17 mayo 2026 (2): La era de la desvergüenza

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 22 horas

Hace un tiempo que la gente poderosa se expresa en público sin filtros. Se ha perdido el mínimo de corrección que, hace algunas décadas, se imponía incluso en las peores circunstancias y a los protagonistas menos ejemplares.

Muchos pensarán que ha naufragado la diplomacia o que se han olvidado las formas educadas para dar paso a la cruda manifestación de quién es el que manda. Es así, pero la causa primera de este desbarajuste moral es la ausencia de contrapesos en casi todos los contextos.

Quienes tan frecuentemente se expresan en público con una rudeza paleolítica, insultan ante los medios, amenazan personalmente a sus opuestos, políticos y de cualquier otra naturaleza, o no se les caen los anillos manifestando su intención de proceder a la destrucción sistemática de todo lo que huela a enemigo, incluyendo en los casos más extremos hasta la aniquilación completa de su civilización, se manifiestan así porque, por razones económicas, militares o debido al control de los media, saben que tienen las espaldas bien cubiertas y el ofendido no tiene posibilidad alguna de devolver la afrenta.

Es el caso incluso en el "amable" contexto deportivo. Esta pasada semana hemos sido testigos de cómo un presidente de un club de fútbol, casi octogenario, se ha despachado a gusto en una rueda de prensa durante la que no ha respondido a ninguna de las grandes preguntas que sobrevuelan sobre el futuro deportivo y financiero de su organización, limitándose a confirmar que solo la Parca le apartará de su vitalicio cargo de emperador autoproclamado del equipo de sus amores al tiempo que echaba pestes, muy poco formales, sobre cualquiera que hubiera osado criticarle.

Ha regresado el totalitarismo, si es que alguna vez se ausentó, en todas sus formas, en todos los ámbitos y a todos los niveles. Quienes ejercen el poder, pequeño o grande, lo hacen despóticamente, sin importarles un comino aparecer como lo que son: maleducados, faltones, prepotentes... cuando no tiranos, capaces de imponer disparatados principios o, en los casos más funestos, de perpetrar crímenes, más o menos graves y hasta de lesa humanidad.

Solo el crecimiento de poderes alternativos les hará bajar de sus pedestales a negociar, porque estos especímenes únicamente acuerdan pactos, más o menos equitativos, si no pueden conseguir por la fuerza todo lo que pretenden.

 
 
 

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