17 mayo 2026 (1): Trabajo de pésima calidad
- Javier Garcia

- hace 2 días
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Es noticia de los periódicos locales que, en el último año, ocho de cada diez nuevos cotizantes a la Seguridad Social en la Comunidad Autónoma de Euskadi eran extranjeros. Si aceptamos la evidencia de que la preparación profesional media de los migrantes es inferior a la de los autóctonos no queda otra que colegir que la calidad media del empleo que se crea ahora en nuestro país es de muy baja estofa.
Eso tiene terribles consecuencias: el valor añadido de nuestra transformación industrial es ínfimo, lo que, inevitablemente, representa una modestísima generación de riqueza y una pobre capacidad de exportación.
Eso si hablamos en términos macroeconómicos, porque si nos centramos en la microeconomía y los ingresos de la clase trabajadora, podemos asegurar que los salarios son mínimos, al tiempo que el coste de la vida sigue incrementándose, especialmente en todo lo que se refiere a la vivienda, el transporte y la alimentación.
En fin, un desastre del que ya me ha tocado hablar más de una vez aquí, y que es compatible con un consumo aparentemente desmadrado. Acabo de retornar de visitar a mi hija que, ejemplo de lo que vengo diciendo, trabaja en Italia, y he comprobado que el aeropuerto de Loiu (Bilbao) y los aviones que salían de ahí estaban sobrepasados de público; como los bares, el vinculado al turisteo es uno de los pocos negocios prósperos hoy (no quiero hablar del que gozan los propietarios de bienes inmuebles). Pero, ojo, el gasto notable en viajes y el alterne no significa sino que la población media no tiene expectativa ninguna de poder acceder al consumo de bienes de primera necesidad pero onerosos (automóvil nuevo y vivienda) y, como compensación emocional, gastan, o dilapidan, lo poco que tienen en pequeños placeres de disfrute inmediato.
Hace muchos años, mi padre, que era un buen filósofo de la vida cotidiana, ya predijo, cuando era inminente la incorporación a la Unión Europea al tiempo que se desmantelaba la industria pesada, que nuestro destino era atender, como solícitos camareros, al patio de recreo del continente en el que se iba a transformar nuestro país.
Y si nuestra industria sufrió en el marco europeo, ahora que el sueño continental languidece tampoco parece que nos vaya a ir mucho mejor. Y digo esto porque nuestros medios se están haciendo eco del desembarco de los fabricantes chinos de automóviles en suelo español que, desafortunadamente hasta la fecha, parece que no nos incluyen en sus planes, ya que de lo que se sabe hasta ahora no se puede esperar la ubicación de ninguna planta de montaje en Euskadi.

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