15 febrero 2023 (2): Atrapados en las redes... sociales
- Javier Garcia
- hace 1 día
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Oímos sus cantos de sirena y, como los marinos inadvertidos de la antigüedad, nos dejamos engatusar por sus melifluas entonaciones, y ahí estamos, enredados entre sus muchos nudos y pocos cabos. Es un fenómeno tan universal que ha ocupado buena parte del espacio informativo, anteriormente feudo exclusivo de la prensa, la radio y la televisión, y casi todo el correspondiente a los medios para estimular y facilitar las relaciones personales; ya no usamos el teléfono y, mucho menos, las misivas escritas a mano para quedar o, simplemente, para intercambiar puntos de vista acerca de cualquier asunto o hacernos ver, siempre, claro, radiantes, bellos y felices.
Estamos tan enganchados a esas comunidades a distancia que es sumamente atractivo para los poderosos domeñar las opiniones que ahí se comparten. Así que las han elegido como altavoces de sus retorcidas ideas filosóficas, religiosas y políticas, y como tablones publicitarios de los productos más variados.
Ahora la popularidad de un cantante se contabiliza por el número de sus seguidores... no de los que pagan por oír su música, sino de los que le dan su "like" en alguna de esas plataformas o promueven las "visitas" de otros al "sitio" del tal juglar o trovador. Lo mismo se puede decir de deportistas, estrellas de la moda u opinadores impenitentes.
Hasta los mortales más insignificantes nos montamos una existencia paralela totalmente edulcorada y fundada en la exhibición de los momentos más felices y en los lugares más bellos de entre los que visitamos, siquiera una vez.
Es el engendro de falsarios. Las redes sociales nos introducen en un mundo fingido donde todo es maravilloso, hasta las vidas más infortunadas y las ideas más disparatadas o grotescas. Nos hacen sentirnos parte de los afortunados, de los que están del lado de los poseedores de la verdad, de los bellos, de los inteligentes, de los sexualmente deseables... (y paro, porque vosotros mismos podéis añadir elementos a esta lista de peticiones a los Reyes Magos); de modo que repugnemos el cambio y nos sintamos cómodos en el lodazal de mierda en el que retozamos.
¿Y cuánto durará este fenómeno? Pues no lo sé, este mundo gira muy rápido y vete a saber con qué nos sorprende. Lo que sí está claro es que quienes lo gobiernan, si pierden este resorte del poder, inventarán otro, a ver si les sale tan rentable y conveniente como este.
