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11 mayo 2025 (1): 80 años

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 11 may 2025
  • 2 Min. de lectura

Hace dos días que se celebraba el octogésimo aniversario de la rendición de la Alemania nazi. Un cumpleaños feliz de un acontecimiento que devolvió a los pueblos europeos la libertad y la alegría de vivir después de un quinquenio terrible de guerra y sufrimiento.

La ocasión la pintan calva para exigir, como entonces, la paz. Privilegio del que no gozan amplísimos espacios de este torturado mundo: Sudán, Yemen, Palestina, Ucrania, Rusia, Pakistán, India, Centroáfrica... y no cito otros porque es en estos lugares donde más víctimas y destrucción se están causando.

No hay ninguna guerra buena, ni dejarse la piel en el campo de batalla es la mejor manera de conseguir el disfrute de unos derechos negados. En todos estos lamentables casos la única solución es sentarse a negociar, aunque haya vencidos, al tiempo que los poderosos de este mundo, y las Naciones Unidas, ejercen de una vez su papel responsable y presionan a las partes para que cedan ambas, en la medida que las circunstancias y la justicia lo permitan.

Y ese protagonismo solo se puede adoptar desde la posición moral más intachable. No es posible desempeñarlo, como ahora está pasando, manejando una doble vara de medir, dependiendo de quiénes sean los que se enfrentan.

Deseo fervientemente la paz para tantos pueblos sufrientes, el progreso, que seguro que llega tras la conclusión del conflicto, incluso para los derrotados, y la alegría de disfrutar de un día de primavera sin tener que mirar al cielo, por si uno de los malditos drones ronda alrededor de las infortunadas cabezas que son sus objetivos.

Y, a la par de que aspiro al cese de las hostilidades actuales, prevengo de las posibles en el futuro, ya que algunos no tienen el menor empacho en manifestar que quieren incorporar a su país nuevos territorios, sin que haya ninguna manifestación democrática de sus habitantes en el sentido de desearlo.

Y acabo reiterando que el camino del rearme y la amenaza no garantiza la paz, sino que sume a los pueblos en la desazón del riesgo y en la ruina de destinar recursos esenciales para matar, en vez de para vivir. Recuerdo a los belicosos europeos lo que ha dicho el nuevo papa en su primera intervención como tal y que suscribo totalmente: el mundo precisa de una paz desarmada y desarmante.

 
 
 

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