9 marzo 2025 (2): Europa solo tiene un problema: Rusia
- Javier Garcia

- 9 mar 2025
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Actualizado: 22 abr 2025
Una reunión europea al más alto nivel ha decidido que nos gastemos lo que no tenemos en armarnos hasta los dientes, porque según nuestros dirigentes el oso eslavo amenaza seriamente nuestra integridad territorial y nuestra impecable democracia. Ello pese a que nuestra superficie esté tomada por las bases militares norteamericanas y las elecciones las ganan quienes tienen de su lado a los medios y determinados estamentos del estado.
No recuerdo otra ocasión en que la discrepancia entre gobernantes y gobernados sea tan palmaria. Coincidimos con nuestra dirigencia en el diagnóstico de que Europa está malita, sí, pero en opinión de la ciudadanía nuestra enfermedad no está causada por una infección extranjera, sino que obedece a un síndrome autoinmune de decadencia, del que voy a comentar unos cuantos terribles síntomas: descenso drástico de la capacidad adquisitiva de las clases populares, con dramáticas consecuencias en la natalidad, empeoramiento notabilísimo de la atención sanitaria y la educación públicas, encarecimiento desmedido del acceso a la vivienda, que impide la emancipación de las nuevas generaciones y cercena sus proyectos de vida independientes, precariedad laboral, crisis industrial sin precedentes y ausencia de valores, que han sido sustituidos por la codicia y la insolidaridad como guías casi exclusivas de los comportamientos individuales y colectivos.
Ante estas evidencias, nuestros representantes políticos podrían haberse decantado por mejorar los ingresos de los asalariados, dotar de más medios al estado para luchar contra la enfermedad, garantizar el acceso a la educación en todos sus niveles, aun a las capas sociales más empobrecidas, establecer normativas que acaben con la especulación inmobiliaria y el abuso en los contratos laborales, excesivos en temporalidad y precariedad, reindustrializar desde el impulso público en los sectores más estratégicos y recuperar la honestidad como faro que guíe el comportamiento de los trabajadores, las empresas y las administraciones. Pero no, lo que han decidido es despreciar la relevancia de todos esos retos y dedicar 800.000 mil millones de euros (es imposible hacerse una idea de la cuantía real de tal megacifra) a gastos militares.
Barrunto que semejante proposición no viene sino de la "necesidad" de ofrecer a las grandes fortunas la posibilidad de invertir su capital en una rentabilísima industria armamentista, no importando que tal esfuerzo deje exangües las arcas públicas, genere un riesgo cierto de conflicto global e ignore los gravísimos problemas sociales que nos acechan y el empeoramiento del diagnóstico medioambiental de nuestro sufrido continente. Como siempre, ganan la partida los Robin Hood del revés.
Añado a todo esto mi decepción porque la izquierda no se oponga con toda la fuerza que todavía tiene a esta decisión disparatada y que, por cierto, nadie la haya incluido en su programa político o electoral y ni siquiera se plantee someterla a la consideración de las cámaras salidas de la voluntad popular.

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