5 julio 2026 (1): Cripto bros y otras especies oscuras
- Javier Garcia

- hace 11 horas
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Las criptomonedas (creo que ese término que las equipara a las divisas es equívoco porque no hay ninguna administración que las respalde) están de moda, pero no como hasta hace poco por una popularidad creciente; están en el candelabro, como diría aquella, porque la inspección fiscal y los cuerpos policiales empiezan a hallar vías de acceso a la identidad de los propietarios y, no sé si debido a esa circunstancia, muchas de ellas experimentan severas correcciones a la baja en su valor de mercado, tal vez, también, debido a la fuerza de algunas monedas tradicionales así como al despegue fulgurante de los valores asociados a la Inteligencia Artificial, que hacen más atractivas otras inversiones alternativas.
En el fondo su fragilidad se debe a que no cuentan con más respaldo que la fe que en ellas puedan depositar los potenciales compradores; no valen gran cosa si no convencen a los inversores de que, tras su compra y en un tiempo razonable, pueden venderlas a un precio superior al de su adquisición. Igualmente, ha descendido el interés por estos tokens de los mercados sumergidos ya que, como lo he dicho más arriba, la presión de las haciendas y las policías sobre quienes tratan de refugiar su patrimonio irregular en tales valores está aumentando sobremanera.
No sé si sobrevivirán, probablemente sí, pero barrunto para ellas un futuro mucho menos glamuroso que su pasado. Y no lo lamento, porque abomino los valores especulativos, el casino de lo mercados; las inversiones deben, al menos, servir para proporcionar algún producto o servicio de interés para la colectividad. Añoro los tiempos de mi niñez, cuando mi sabio padre me hablaba de las empresas entonces más grandes del mundo y resultaba que todas las más destacadas eran productivas.

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