28 junio 2026 (3): Ni amagos ni advertencias, las olas de calor que hemos padecido este año confirman un calentamiento global imparable e incompatible con la civilización
- Javier Garcia

- hace 1 día
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Aún sin acabar el mes de junio, este año ya hemos padecido dos terribles olas de calor, la de esta semana que concluye tal vez la más prolongada y extrema entre las sufridas en los últimos tiempos. Con la peculiaridad añadida de que estos odiosos fenómenos climáticos (no se quedan en el calificativo de meteorológicos) no solo han afectado a regiones tradicionalmente calientes, como el valle del Guadalquivir o el sudoeste peninsular, sino que se han extendido al Cantábrico, de la mano del más salvaje efecto Foehn que hayamos conocido y, sorprendentemente, también a amplios territorios de la Europa occidental (Francia, Reino Unido y Alemania, especialmente).
No es, pues, un disparate concluir que a la antaño más ansiada época del año, la estival, la vamos a temer más que a un nublado (cómo cambia el miedo de bando). Es cierto que quienes ven la botella medio llena conjeturan que las extremas temperaturas que acabamos de padecer están más asociadas con el fenómeno El Niño que con el calentamiento global de causa antrópica. No comparto ese optimismo irredento, porque El Niño, en su formato más monstruoso, puede ser, también, resultado de la evolución de las temperaturas globales al alza imparable.
¿Y qué hacemos mientras tanto? Pues contribuir a empeorar la situación: volvemos a quemar carbón porque apagamos las centrales nucleares y preferimos no importar gas de nuestros enemigos, añadimos a la quema rutinaria de combustibles fósiles los cataclismos ocasionados por las guerras y los incendios forestales evitables, abrimos nuevos mercados (la IA y la computación cuántica) consumidores brutales de energía... y ponemos mil peros a la investigación y la extensión de las tecnologías más limpias si los líderes de esos mercados no son las grandes empresas que controlan las bolsas o si las prometedoras fuentes primarias de potencia chafan los negocios más asentados.
Paso aquí, pasito ahí, nos dirigimos al precipicio de la autodestrucción sin que las evidencias nos hagan, por lo menos, intentar rectificar.
Lo lamento profundamente por las generaciones jóvenes, que tienen su futuro seriamente hipotecado por la imprudencia e insolidaridad para con sus descendientes de las que las precedieron. De los todavía no nacidos prefiero no hablar, porque es muy posible que nunca vayan a ser concebidos.

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