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28 junio 2026 (2): Eran pocos los partidarios del liberalismo feroz entre nosotros y la inmigración latinoamericana nos trajo a los neopentecostales

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 28 jun
  • 2 min de lectura

En este mismo blog ya he expresado la opinión de que el protestantismo es moralmente más endeble que el catolicismo, porque la "salvación" luterana (todavía no entiendo de qué ni por qué) es cosa de fe, y la fe se tiene por la gracia de dios, no hay mérito alguno entre los bienaventurados ni bondadosas obras que los distingan de los situados a la siniestra del "padre". Pues bien, los grandes movimientos humanos de los últimos tiempos han hecho arribar a nuestros aeropuertos unos fundamentalistas de la tal doctrina, auto identificados como neopentecostales, que quieren materializar una supuesta regeneración religiosa, salida de la Reforma y adaptada a los tiempos ultraliberales que corren que, en esencia, viene a reafirmar que cada uno tiene lo que el demiurgo reservó para él, de modo que los poderosos de este mundo lo son por bendecidos del altísimo, con una inteligencia y una capacidad de trabajo descollantes y los pobres, pues ya lo imagináis, tienen una miserable existencia porque no fueron agraciados con la debida fe en el único creador.

Lo verdaderamente sorprendente de este movimiento es que se nutre de una grey de infortunados, desasistidos por tanto de la gracia divina, que han tenido que dejar su tierra a la búsqueda de una mínima calidad de vida. Eso sí, sus líderes, predicadores televisivos de prestigio según el peso de sus larguísimas peroratas, amontonan importantes patrimonios a costa de los escasos recursos de los ingenuos de más abajo de la pirámide, deslumbrados ante la posibilidad de integrarse (¿pero eso no era imposible si no figuraba en los planes del todopoderoso?) entre los ricos de este mundo y los justos que recibirán el premio eterno a no se sabe qué y solo disfrutable en las dimensiones celestiales.

De sobra está aclarar que estas iglesias apoyan sin sombra de duda a los partidos más a la derecha del espectro político, que andan ganando elecciones en el continente occidental y, lo que es más temible para nosotros, empiezan a hacerse un hueco al lado oriental del Atlántico; de hecho nuestros antaño defensores incondicionales del catolicismo comienzan a verle el atractivo a eso de congeniar con los más radicales de los herejes (así los calificarían no ha mucho) y ya comparten actos con ellos. Actos que, por cierto, vienen muy bien como sustitutos de la sanidad más convencional, clausurada cada dos por tres por las huelgas de los médicos, ya que, según algunos testimonios gráficos, aunque valgan muy poco hoy por el milagro de la IA del toco mocho, una simple imposición de manos de los devotos estos elimina una temible enfermedad tan rápido como el Cucal los dictyópteros más indeseables.

Confío en la indiferencia española, la de un país en su momento patria predilecta del cristianismo y casi nada practicante ahora. Como tenemos el mismo derecho que estos piadosos a tener las creencias que sean, o ninguna, si no comulgamos con sus principios, que suelten sus monsergas a otros más convertibles. Aquí hace tiempo que bastante tenemos con pagarnos la casa terrenal, como para que nos ocupe sobremanera el hogar celestial del que, por otra parte, ellos mismos afirman que no te dan la llave si no estás entre los elegidos.

 
 
 

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