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4 octubre 2026 (1); Viejos del mundo, agrupémonos todos en la lucha por nuestros derechos

Foto del escritor: Javier Garcia
Javier Garcia
hace 18 horas
2 min de lectura

Leo, qué manía la de leer y llevarme mala sangre por lo publicado en cualquier gacetilla, que un ex banquero ya añejo y ahora dedicado a las "buenas obras" redentoras de todo pecado, incluido el de la codicia, y expendedoras del deseado visado de entrada al Paraíso (en este caso el subsodicho es presidente de una fundación "preocupada" por la juventud), opina que, literalmente, el contrato social premia a los mayores y perjudica a los jóvenes.

Tal punto de vista es falso, por varias razones, primera y principal porque, contrariamente a su visión de las economías juveniles y provectas como contenidas en vasos comunicantes y comunicados que suben o bajan si el conectado lo hace en el sentido opuesto, las dos ocupan el mismo recipiente: los abuelos pueden disfrutar de pensiones dignas si sus nietos desempeñan su actividad laboral protegidos por contratos de trabajo justos y contribuyen significativamente a la caja de la Seguridad Social, mientras ellos mismos, los que están en la edad de trabajar, quiero decir, y las nuevas generaciones que crían pueden disfrutar de la vida y, de paso, dinamizar la economía porque tienen capacidad adquisitiva.

Por otro lado, comunicante o no, el vaso de los ancianos no está, ni mucho menos, rebosante. Las subidas de las pensiones de los últimos años solo han sido una respuesta mínima a la inflación desbocada, que se ha ensañado especialmente con los productos de primera necesidad, como los alimentos y la energía, de modo que, de no mediar las alzas en las pagas de los jubilados, que tanto duelen a los magnates, tendríamos a buena parte de los primeros malviviendo de la caridad o barriendo y fregando en alguna hamburguesería con los ochenta bien cumpliditos (no hay como aprender de las recetas yankees para que los ricos se hagan más ricos y los pobres no duren más allá de la fecha de caducidad de su capacidad laboral, no vaya a ser que resulten un pesado gasto).

Todo esto, como en el caso que ha suscitado este artículo, lo proponen y persiguen infiltrados, quiero decir tipos en edad de estar jubilados desde hace tiempo, pero que, como son tan listos y trabajadores, y tienen una genética privilegiada, gracia del Altísimo, continúan al pie del cañón cumpliendo su función de preservadores de sus prebendas. Porque, queridos lectores, son viejos pero no se consideran como tales, por sentirse superiores y debido a que llenan la mente de fantasías, según las cuales, ellos y solo ellos, ya que su dinerito se lo va a permitir, alcanzarán edades hoy impensables. Algunos derrapan todavía más y consideran plausible vivir eternamente. Son demasiado optimistas, su supervivencia, como la de todos, viene limitada por los genes y, aún si a través de manipulaciones hoy inimaginables burlaran a la muerte, les podría pasar como a Melmoth el Errabundo y habrían de lamentar la persistencia indefinida.

 
 
 

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