4 enero 2026 (2): La calle degradada
- Javier Garcia

- 4 ene
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Leo en un periódico sobre el crecimiento sin control del impacto de las bandas organizadas de delincuentes en Bizkaia y el consiguiente aumento de los robos y agresiones, de todos los niveles de gravedad; hasta el punto de que Bilbao tiene una posición destacada en el ranking de ciudades europeas peligrosas. No me sorprende, basta con pasearse por las calles de nuestros municipios más populosos para percibir esa sensación infalible de inseguridad.
Las causas son varias y es preciso actuar sobre todas ellas si no queremos que nuestra tierra se convierta en un territorio invivible. Citaría, en primer lugar, el consumo récord de todo tipo de drogas, porque no hay traficantes si no existen los compradores. Lo he dicho muchas veces: se hace precisa una toma de conciencia al respecto de las autoridades y de la ciudadanía, para que el consumo de estupefacientes deje de ser mirado con condescendencia y sea contestado por el rechazo social más contundente y la actuación policial proporcionada al delito. Eso significaría intervenir en el ámbito de la formación y del ocio mediante medidas educativas, sí, pero también me atrevo a sugerir la represión del consumo (con los cambios en el Código Penal y en el Civil que sean pertinentes, lo que incluye castigar duramente las infracciones cometidas bajo los efectos de psicotrópicos) y, muy especialmente, del menudeo en entornos frecuentados por menores.
La siguiente razón para el crecimiento desbocado de la delincuencia es la migración descontrolada. He osado decirlo desde hace un tiempo, pese a que no se lleve tal discurso entre los denominados progresistas. Es absurdo negar la evidencia, las bandas del crimen organizado actúan bajo nombres que delatan su origen extranjero, no hay duda alguna al respecto. Se hace preciso cortocircuitar la llegada de esa invasión silenciosa, con medidas contundentes y, a la vez, respetuosas con los derechos humanos, sustituyéndola por una captación ordenada de trabajadores extranjeros en función de las necesidades del mercado laboral, y actuar eficazmente contra los delincuentes que, tras el cumplimiento ejemplar de sus penas, deben ser automáticamente repatriados. Los beneficios de tales medidas serían evidentes: la mejora de la calidad del trabajo, con empleos mejor remunerados, y el desarme del discurso xenófobo de la extrema derecha; y no se me argumente que compro su programa porque el cumplimiento de la legalidad ya vigente en relación a las fronteras y los trámites para su traspaso no es nada que el actual estado de derecho no pueda, y deba, asumir.
Y la tercera razón es la de siempre: la mala calidad del empleo o el desempleo estructural. Si uno no puede vivir dignamente de trabajar, considera la posibilidad de subsistir en la ciénaga de lo irregular.
De no encarar estos males subrepticios nuestra sociedad está destinada a la descomposición más absoluta. Que tomen nota los distintos gobiernos de esta molesta pero incuestionable realidad.

la nomenclatura de Occidente vive perfectamente aislada de los sinsabores de la plebe