30 noviembre 2025 (1): Lo que dice la educación del mundo de hoy
- Javier Garcia

- hace 15 minutos
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Los Estados Unidos han cerrado las fronteras a numerosísimos estudiantes extranjeros que querían hacer carrera en sus prestigiosas universidades. Pierde el mundo, porque muchos de esos jóvenes brillantes estaban llamados a mejorar las condiciones de vida de sus países de origen y pierde Norteamérica, porque, amén de los dineros que se dejaban esos alumnos y que ya no va a percibir, desaprovecha la ocasión de nutrirse de los mejores cerebros del planeta.
Al tiempo, esa derecha que también tenemos por estos lares está asfixiando económicamente a las universidades públicas, muchas de ellas de elevado prestigio y contrastado historial científico, para abrir chiringuitos educativos privados que, ni por el número de estudiantes ni por la experiencia de sus profesores ni, mucho menos, por la investigación que prácticamente no realizan, merecen el calificativo que se les otorga.
Aquí en nuestra Euskadi ya no queremos que niños y adolescentes sean examinados según norma comunitaria para que no se contrasten sus escasos saberes con los de sus coetáneos de otros lugares, porque sus calificaciones están entre las más bajas. Vamos, la política del avestruz.
Como siempre que algo va mal y "huele a muerto", suscita el sobrevuelo de los carroñeros. Así que las facultades de Ciencias de la Educación han aprovechado la coyuntura para exigir que el máster que habilita para impartir clases de cualquier disciplina dure dos años. Ideal para ellos y su razón de ser e inaceptable para quienes desean dedicarse a la docencia que, si prosperara la propuesta, deberían hacer su carrera específica y, después, añadir a todo ello un par de cursos destinados a mejorar sus habilidades transmisoras del conocimiento, y todo ello sin mencionar el doctorado, imprescindible siempre para ejercer la docencia en la universidad.
Y para terminar de describir este dantesco escenario de atrocidades educativas, el bullying medra en las aulas sin que a nadie parezca preocuparle el atajarlo. El problema tiene ciertas raíces sociológicas porque los abusadores lo son mayormente porque proceden de hogares desestructurados, entendiéndose por tales no solamente aquellos donde las relaciones familiares han quebrado y los dineros escasean, sino también esos otros en los que es imposible la convivencia y la transmisión de valores por la incomparecencia de quienes debieran fortalecer el nexo de los próximos, tal vez por el excesivo número de horas dedicado al trabajo. Ese es el origen del problema, pero este se materializa y extiende por la cerrada e injustificada defensa que muchos padres, que no cumplen con sus obligaciones como progenitores, hacen de sus desviados hijos, por la falta de la debida organización en los centros de formación y por la escasa vocación de los profesores, que renuncian a desempeñar su papel en cuanto el discente atraviesa la puerta del aula; tal vez, y rompiendo una lanza por ellos, porque también son víctimas del acoso de algunos jovenzuelos o de sus desnortados predecesores, y no quieren más problemas de los que ya tienen.
Pues ya sabemos lo que hay: es obvio que quienes ahora se educan están llamados a protagonizar el futuro bastante inmediato, por cierto repleto de retos de difícil superación; así que lo tenemos clarinete ante el ambiente formativo que se respira. Huele a un inminente tiempo de barbarie que apesta.

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