29 marzo 2026 (1): La cofradía de la disputa de género
- Javier Garcia

- hace 3 horas
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Hoy es un señalado domingo, bien porque para algunos es el denominado “de ramos", bien porque se adelantan las manecillas de los relojes para sincronizarse con el horario de verano. Y claro, con él se da inicio a la Pascua judía o a la Semana Santa cristiana (primer plenilunio tras el equinoccio de primavera). En España representa la señal de salida de las tenebrosas procesiones de Cristos torturados y Vírgenes llorosas, acompañados en su dolor por una numerosísima grey de penitentes encapuchados, que se organizan en cofradías para mostrar su particular devoción a una determinada talla en madera, la mayoría de ellas obra de los mejores artistas del barroco ibérico.
Es el caso que este año, como cualquier otro de los inmediatamente anteriores, se ha suscitado la reiterada controversia entre algunas de esas organizaciones religiosas y grupos de mujeres que desean procesionar, o participar activamente en ancestrales ritos que, hasta hoy mismo, estaban reservados a los varones por los estatutos o cuales sean las normas por las que se rigen estos creyentes masculinos del cucurucho sobre la cabeza. Por supuesto que un buen número de columnistas "progresistas", y todo un elenco de feministas, que pierden el tiempo en hueras diatribas sobre asuntos irrelevantes en la preservación de los derechos reales de las mujeres, se han echado a la yugular de los discriminantes.
Todo ello ha suscitado un debate tan absurdo como extenso. En primer lugar porque las cofradías son privadas, por lo que, exceptuando lo delictivo, pueden incluir en sus reglas de incorporación y desempeño de sus socios lo que les parezca más adecuado a sus fines; ¿o es que no hay organizaciones exclusivamente femeninas registradas en este país o que otorgan un papel relevante únicamente a las mujeres?
Eso en lo estrictamente legal, pero hay más: ¿quienes se quejan de la supuesta discriminación por género o sexo no se han persuadido todavía de que la Iglesia Católica, a la que supongo afirman pertenecer, priva a las mujeres del acceso al sacerdocio por antiquísimos prejuicios de las fes abrahámicas, que consideran que el mal empleó a la hembra para corromper al macho desde la noche de los tiempos? ¿Si aceptan ese punto de partida básico, y no lo denuncian a ningún tribunal de ninguna índole, civil o eclesiástico, por qué se escandalizan ante las lógicas, inevitables e insignificantes consecuencias?
Recomiendo a todas las descontentas que asuman su adscripción religiosa tal cual es o bien dejen de considerarse del rebaño de los fieles cristianos que, por cierto, siempre apacienta un hombre; y, de paso, empleen estos días de asueto en gozar de la naturaleza, la cultura, el sexo y el buen comer y mejor beber.

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