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26 octubre 2026 (2): Compraremos lo que se nos ordena

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 26 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

Nuestro presidente del Gobierno ha manifestado que España va a comprar armas para la nación del este de Europa que ya sabéis. En primer lugar, se trata de una anomalía histórica, que se ha dado muy pocas veces y casi siempre por "generosidad" de las grandes potencias, que un país emplee sus presupuestos generales para enjugar los gastos en los que incurre otro estado distinto. Y todo ello con el agravante de que la citada mercancía no se produce aquí, sino que el "benefactor" se la compra a un tercero, beneficiario inequívoco de la transacción.

No acaban ahí los inconvenientes y peculiaridades de esta extraña operación a tres bandas, porque el destinatario de la ayuda va a emplear estos equipos contra el enemigo con el que disputa un conflicto bélico. De modo que, se mire como se mire, nos involucramos en el enfrentamiento, con el riesgo que siempre tiene ponerse de parte. Sí, ya sé que los vendedores de estas decisiones absurdas me dirán que protegiendo al "menesteroso" nos protegemos a nosotros mismos, porque quien lo golpea también nos amenaza. No entro a valorar la situación de los países limítrofes del área en disputa, pero en nuestro caso, a miles de kilómetros de los territorios en discordia, me parece que, o el supuesto enemigo es mucho más poderoso de lo que nos transmiten, o están exagerando su capacidad de agredirnos.

Olvidándonos de las anteriores consideraciones globales, no es necesario insistir demasiado en que el dadivoso estado español no está para caridades, dados los enormes problemas económicos y sociales que afronta. Sin ir más lejos, la inmensa mayoría de nuestra juventud no tiene capacidad para emanciparse y hacer historia propia, porque percibe unos miserables salarios mientras que la vivienda ha pasado de proponerse como un derecho constitucional a constituir un privilegio de los herederos o la mejor fuente de lucro exagerado de los especuladores. Añado, aunque sé que la partida de la Seguridad Social no entra en este cálculo y su ejecución en materia de salud es competencia de las autonomías, que la sanidad pública de este país se halla en un estado lamentable y, para constatarlo, aparte de las experiencias personales negativas que muchos ya acumulamos, contamos ahora los indignantes casos de miles de mujeres a las que el cribado preventivo del cáncer de mama no les ha servido para atajar a tiempo una seria enfermedad que, no diagnosticada en su debido momento, puede acabar con el fallecimiento de las afectadas.

Adelanto que algún portavoz de lo insostenible me responderá que las políticas sociales no se van a ver afectadas por estos gastos. Pero todos sabemos que los recursos que se emplean en una cosa deben detraerse de otras partidas, porque no hay presupuestos infinitos; el dinero ni se crea ni se destruye, solo cambia de manos, o de bolsillos, como prefiráis.

En fin, impresentable por muchísimas razones. Debería haber movilizaciones en contra de esta decisión, como las que ha habido frente al otro gran conflicto internacional de actualidad.


 
 
 

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