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26 octubre 2025 (1): A vueltas con el cambio horario

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 26 oct
  • 2 Min. de lectura

Hace poco rato, esta madrugada, se han retrasado los relojes para adoptar el horario de invierno. Antes ya se había desatado la polémica pública de todos los ejercicios en torno a la conveniencia de abandonar estos cambios de hora y mantener la misma durante todo el año. Dicen que la ciudadanía, en no sé qué encuestas, ya se mostró partidaria de volver a un horario invariable.

Tengo mis dudas al respecto, porque si bien pudiera ser una opinión mayoritaria en la Unión Europea, dominada hoy por los nórdicos, que ni en materia de clima ni en casi ningún otro asunto congenian con nosotros, no estoy ni mucho menos convencido de que los españoles la compartamos, aunque el estudio más mencionado, pero ya remoto en el tiempo, nos sitúa sorprendentemente a la cabeza de los revisionistas; así que no apruebo la propuesta de Pedro Sánchez de oficializar un único horario, ni entiendo que sea desde España que se caliente esta disputa.

Porque no todo se ha hecho mal en el pasado. Examinemos la cuestión teniendo en cuenta que el territorio nacional es muy ancho en términos de longitud; es decir, que existe una gran diferencia entre la hora solar en Creus y la que tienen en Finisterre.

Si con el ánimo de acabar con los presentes adelantos y retrasos de los relojes adoptáramos el horario de verano, el amanecer invernal gallego se demoraría hasta bien entrada la mañana, de modo que la actividad de sus oficinas, y aun de sus escuelas, se iniciaría en medio de una insufrible y bastante duradera oscuridad.

Si, por el contrario, se opta por el actual horario brumal como fijo, sufriría notablemente el turismo mediterráneo, e incluso el de muchas otras regiones, que ahora se beneficia de eternos tardeos en el buen tiempo. Y no digamos si se decantan por la hora solar.

Me parece que, al menos para el ámbito ibérico, que yace en el extremo occidental del continente, no es mala idea hacer lo que actualmente se hace. Sé que se contraatacará con los supuestos problemas del sueño que los cambios horarios acarrean y su inutilidad a la hora de ahorrar energía, que fue el original propósito de la medida que tantos años lleva en vigor. Pero contra estas objeciones esgrimo los inconvenientes de las alternativas que se barajan, y concluyo que, por razones diferentes al objetivo de un principio, la actual disciplina variable es la mejor, porque, insisto, las opciones consideradas y otra aún más radical: la de establecer dos horarios distintos para las partes oriental y occidental del territorio (económicamente sería peor que inconveniente), conllevan más problemas que soluciones.

A mí personalmente no me cuesta nada darle una vuelta, adelante o hacia atrás, a las manecillas de los relojes. Tarea, por otra parte, que se encuentra en proceso de extinción, teniendo en cuenta que ahora nos guiamos mayormente por dispositivos digitales conectados que proceden al cambio horario sin que hayamos de preocuparnos por ello.

 
 
 

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