25 octubre 2026 (1): Bendita diplomacia, hoy ausente

Esta semana que cierra se ha celebrado en Madrid el denominado Fórum Europa de Nueva Economía, encuentro del ultraliberalismo internacional que tuvo por especial figura invitada al presidente de Argentina, Javier Milei.
El tal tuvo una intervención en la que no se ahorró epítetos y calificativos insultantes para el progresismo español, el Gobierno actual y su presidente y, de rebote, para nuestra democracia. Desgranó joyas dialécticas de la bajunería más impropia de su cargo, como "siniestro socialismo del siglo XXI", "impresentable dictador Pedro Sánchez" o "hay que sacar a los socialistas a patadas". Todo ello agravado por pronunciar esas ofensas en la capital española (y no es la primera vez que así sucede).
Claro que no es el único que debe avergonzarse de semejante comportamiento, añado a esa lista de señalados al presidente del senado que, presente en el acto, no atendió debidamente a sus deberes institucionales al oír los improperios sin reaccionar, algún profesor universitario, que lo recibió efusivamente en su campus tras el bochornoso espectáculo, las empresas co-organizadoras del evento que, en el colmo de su cobardía, hicieron desaparecer sus logos durante la infausta diatriba, la presidenta de la comunidad autónoma anfitriona, que lo recibió personalmente, pese a que el tal individuo insultara reiteradamente a su patria, y el presidente de un partido político bien conocido, que mantuvo una videoconferencia con el indeseable huésped.
Ante tanto desafuero me pregunto si no hay mecanismos legales para prohibir al tal impresentable volver a pisar suelo español, sea cual sea su propósito o razón alegada y, también, si a los jaleadores que le han dado pábulo para semejante comportamiento tal colaboracionismo les va a costar algo de su sorprendente prestigio entre los suyos, que tanto presumen de patriotismo pero han comulgado con los postulados insultantes del argentino.
En cualquier caso el exceso del tipo en cuestión es un signo de los tiempos, o del fin de los tiempos, que también. Porque hace no muchas décadas los enemigos más irreconciliables de la denominada Guerra Fría se reunían y hablaban educadamente mientras compartían mesa, mantel y hasta espirituosos sin, por supuesto, faltarse ni faltar al decoro. Porque, entre otras cosas, a aquellos diplomáticos los adornaban una gran inteligencia y un saber estar distinguido, con independencia de sus respectivas y contradictorias ideologías. No como ahora, que cualquier imbécil puede ocupar los más altos cargos del estado, de modo que no falta mucho para que volvamos a ver a un caballo de cónsul, nombrado por uno de tales patanes. Señor, qué mundo este de hoy, donde se expectora: ¡viva la ignorancia y abajo la cordura!, mientras un montón de zafios aplauden el disparate.

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