25 octubre 2026 (2): Vemos las barbas del vecino pelar

En estas últimas décadas han ardido muchos de los proyectos vitales que los europeos creíamos viables, y hasta probables, para despertar del sueño y sumirnos en la pesadilla de un capitalismo que ya no tiene contraparte en el baile internacional, así que danza a lo suelto y paroxísticamente sus letanías de siempre: la competitividad, siempre supuestamente soportada sobre las espaldas de los asalariados, que demandamos imposibles (trabajar poco y cobrar mucho); la legitimidad del rentismo libre de impuestos; el despido libre y sin coste alguno, y la libre movilidad de los capitales al tiempo que se restringe, o se dirige convenientemente hacia los intereses del dinero, la de las personas.
Así que algunos jóvenes menesterosos se han cansado de la "rave" ultraliberal y se han movilizado en numerosos puntos de Europa, y hasta de África, para que la desafinada orquesta de los ultrarricos deje de tocar a rebato la movilización de todos sus poderosos recursos para devolvernos a las condiciones de vida de hace más de un siglo.
Lo que pasa es que esta gente tiene todo muy bien atado: nos vienen trayendo un ejército de inmigrantes aún más precarios que nosotros que, claro, aceptan trabajar por mucho menos y, al tiempo, cuando sobran, sirven para personalizar el enemigo pobre que desvíe nuestra ira de la codicia de los poderosos a la competencia de los más miserables. Estos desheredados extranjeros, junto con nuestro lumpenproletariado, iracundos, desesperados y distintos culturalmente, han transformado las manifestaciones pacíficas en razias destructivas contra el patrimonio y el mobiliario públicos y en reprobables actos de saqueo que han deslegitimado el lado reivindicativo de las expresiones callejeras de descontento al tiempo que han abierto la espita de la violencia indiscriminada de las fuerzas de orden público en Francia, Italia, Albania, Túnez... (y, en menor medida hasta la fecha, en España, e incluyo aquí los lamentables incidentes de violación fronteriza acontecidos en Ceuta este verano).
La marejada reivindicativa volverá a calmarse, pero sin que se altere el bajísimo e iracundo estado de ánimo social, y hasta es más que probable que la internacional de extrema derecha culmine su aparentemente imparable ascenso en las elecciones que se van a suceder en los próximos meses en nuestros países (cuentan para eso con los medios para su eficaz lavado de cara), pero se agravarán los problemas que se han manifestado estos días, de modo aún más evidente si cabe; así que lo sucedido en estas últimas fechas dejarán de ser episodios aislados en el tiempo y el espacio para permanecer y propagarse cual virulenta infección. El mundo denominado occidental tiene dos alternativas: o cambiar de sistema o que el sistema acabe con su civilización.

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