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25 enero 2026 (1): Herri Norte desnortada

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 25 ene
  • 2 Min. de lectura

Una denuncia por violación de una mujer a manos de supuestos miembros de la peña de apoyo al Athletic de Bilbao, Herri Norte, ha destapado varias otras decenas de presuntas agresiones, físicas y sexuales, desde tocamientos y humillaciones hasta conductas más graves, perpetradas por algunos hombres, parece, insisto, que pertenecientes a esta grada de animación.

Sinceramente, me quedo sin palabras. Se trata de una organización teóricamente progresista, vinculada de alguna manera a partidos políticos que enfatizan su lado feminista y dedicada a algo tan ocioso como es eso de apoyar a un determinado equipo de fútbol y pasarlo bien con el pretexto semanal de los partidos a jugarse, en San Mamés o en los campos de los rivales del Athletic. ¿Es que hoy no puede haber convivencia y relación carnal sanas entre sexos o géneros, o como queráis llamar las distintas configuraciones de los órganos reproductores o endocrinos, en la política, la empresa, el deporte, el templo o, incluso, la familia?

Algo funciona muy mal y no son las gónadas, sino nuestros cerebros.

Y la siguiente pregunta que me hago es si esto es un mal de hoy o hemos sido siempre tan perversos y estúpidos. Y sigo formulándome cuestiones aún más inquietantes: ¿tienen algo de razón los que, desde posiciones políticas por lo demás odiosas, ponen en duda el relato de las supuestas víctimas? ¿Por qué se tarda tanto en denunciar y solo se decide hacerlo cuando la víctima es animada por la actitud más combatiente de otras o por los medios y las periodistas afines a la causa? ¿Tiene el consumo de toda clase de drogas (incluido el alcohol, por supuesto) algo que ver con las agresiones y la inicial sumisión de quienes sufren los ataques? ¿Son coadyuvantes de estas inaceptables conductas el puritanismo, impuesto a nivel global por el mojigato protestantismo y el celibato católico, que hacen más difícil el disfrute de un sexo libre de ataduras? ¿Es el neofascismo el caldo de cultivo idóneo para que crezca el machismo y sus indeseables consecuencias? ¿Es el "solo el sí es sÍ" un real freno a los disparates sexuales en unas circunstancias donde importa mucho más el lenguaje corporal que el habla? ¿Por qué se suele culpar injustamente a las víctimas de las agresiones al tiempo que algunos entienden el coqueteo banal como una suerte de salvoconducto a la consumación del acto sexual completo? ¿Se puede combatir eficazmente esta atroz realidad desde la educación, o la maldad es imparable cuando se tiene la capacidad física de obtener de la otra lo que sea desea?

Ante tanta duda y cuestionamientos sí tengo claro que en el sexo, como en cualquier otro ámbito de la existencia, deben prevalecer la bondad y la compasión: el consentimiento mutuo, cuando y como se manifieste, pero de forma clara e indudable, es la única forma de preservar los derechos de la más débil. O sea, no seguir "palante" en cuanto la pareja lo rechace. Lo contrario es pura perversión punible.

 
 
 

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