23 noviembre 2025 (1): Lo que dice la sanidad del mundo de hoy
- Javier Garcia

- 23 nov
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Que la sanidad pública ha empeorado sus prestaciones en los últimos años está fuera de discusión. Lo que es más opinable es por qué. Las administraciones responsables echan balones fuera argumentando el envejecimiento poblacional y el aumento de los perceptores de la atención, mientras disminuyen las contribuciones de empresas y trabajadores al mantenimiento de la Seguridad Social y, simultáneamente, se agrava la insuficiencia de sanitarios para cubrir todas las plazas que se precisan.
Empecemos por el incremento de la demanda: es cierto que la esperanza de vida dilatada dispara el número de ancianos aquejados de enfermedades propias de los últimos años de la existencia, pero, por contra, se están batiendo récords de afiliados a la Seguridad Social, jóvenes además y escasamente demandantes de atención, porque muchos de ellos son inmigrantes recién incorporados a nuestro mercado de trabajo.
En cuanto a la escasa contribución de empresas y trabajadores a la caja común, no es sino el resultado de unas legislación y reglamentación neoliberales, que estimulan la creación de empleo a base de disminuir las cargas sociales de las compañías privadas, al tiempo que se mantienen (recientemente han sido motivo de discrepancias en el propio ejecutivo nacional) las bajísimas aportaciones de los autónomos (que, por cierto, han crecido como las setas en un lluvioso otoño, porque grandes empresas multinacionales disponen de plantillas fantasmagóricas, constituidas por falsos autónomos, y se les consiente).
La insuficiencia de sanitarios en el sector estatal obedece a tres razones que también pueden ser combatidas: la explosión descontrolada de la medicina privada, la huída de profesionales a tierras donde se les paga mejor, y la perniciosa acción de lobby de los colegios profesionales sanitarios que impusieron, y mantienen, unos "numerus clausus" ridículamente pequeños en las universidades públicas (por cierto, al tiempo hay disponibles muchas plazas en las universidades privadas, para quienes puedan pagárselas). Como digo, la forma en que se puede controlar la competencia de la sanidad privada es vigilar su gestión, para que salarios y condiciones de trabajo de médicos y enfermeros no difieran notablemente de los disfrutados en la pública y necesarios para la calidad de la atención, que es lo que importa; en definitiva, evitar como sea la competencia desleal. La espantada de profesionales y su acomodo en otros países se arregla no solo con retribuciones acordes, sino también con una mejor calidad de vida, absolutamente viable si crecen las plantillas. Y lo del lobby es lo más fácil de revertir, auméntese para el próximo curso (las demoras no están justificadas) la cifra de las plazas públicas para estudiar enfermería y medicina en la medida que se requiera; los profesores que se necesiten se conseguirán si la profesión sanitaria deja de contar con tantos nichos de lucro desaforado, lo que se lograría con las medidas anteriormente mencionadas, y la docencia vuelve a ser económicamente atractiva.
Yendo a asuntos menores, creo que todos hemos visto crecer de un modo disparatado el número de clínicas dedicadas a la estética y la dentadura. Está visto que en este mundo hipócrita actual es más importante parecer que ser.

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