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23 marzo 2025 (1): La importancia de tener la piel clara, el pelo rubio y los ojos azules

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 23 mar 2025
  • 2 Min. de lectura

Mientras en este paraíso de la tontuna en el que se ha convertido Europa nos preocupan los insultos racistas a determinados jugadores de fútbol, millonarios hasta las trancas gracias, entre otras cosas, a despertar la animadversión de las aficiones rivales (y no por ser negros, sino por provocadores), o el comportamiento machista de ciertos productores cinematográficos con actrices que, a cambio, han allanado su camino a la fama, nuevos bombardeos sobre la franja de Gaza y el sur de Líbano han acabado con la frágil tregua y con la vida de bastantes cientos de personas, en buen número inocentes criaturas en edad de jugar.

Nadie se preocupa de esa pobre gente, solo es un número de bajas con el que engordar la estadística de la ignominia, por lo visto sin legitimidad para vivir en la tierra sagrada, otorgada por un demiurgo a, únicamente, algunas de sus criaturas, ni parece tiene seres queridos que han de llorar su pérdida o derecho a ser feliz. Esta falta de empatía viene del real y verdaderamente preocupante racismo, ese que otorga a unos todos los derechos, hasta los más infames, y niega a los otros el ejercicio de los más elementales, por tener los ojos y la piel un poco más oscuros o porque han elegido creencias del lado contrario a la preferencia de la cultura dominante.

Esa ausencia de principios para con unos se torna sensibilidad extrema con otras causas donde los supuestos damnificados lucen incuestionable raza aria, si es que hay alguien que sabe qué es eso. Me estoy refiriendo a los ucranianos de clara epidermis, azules ojos, dorado pelo y estirada silueta (con excepción de su presidente, chaparrito como yo y de aire mediterráneo, y sus generales, pelín esteatopígicos). Hasta el punto de que sus élites económicas, escapando del noble ejercicio del patriotismo e ignorando la defensa del terruño querido, han recalado en gran número en varios países de la Europa occidental sin ninguna objeción, ni de la dirigencia ni del pueblo llano.

Cómo cambian los puntos de vista a lo largo del lapso de una vida, yo nací rubio claro, casi platino, pero como a muchos otros ibéricos de entonces con rasgos más o menos germánicos, no me gustaba nada esa condición, porque algunos camaradas de la misma edad me cantaban lo de "rubiales cagapañales", popular en aquel tiempo. De modo que me sentí la mar de bien cuando los años, los vericuetos de la genética, el clima, o vete a saber qué, fueron oscureciendo mis guedejas. Reconozco ahora que me gustaría que volviera el dorado, sin embargo en su lugar el vello ha clareado, sí, pero no para recuperar el brillo del noble metal sino para tomar el apagado blanco de la senescencia. Me temo que tampoco este color es del gusto del poder establecido; dicen que los que peinamos canas salimos caros y aportamos poco (pongo en cuestión la carestía, sabiendo lo miserable de la mayoría de las pensiones y, también, nuestra supuesta escasa contribución socioeconómica, teniendo en cuenta la cantidad de gente joven que vive gracias a los ingresos de los pensionistas); así que, aunque de momento no piensen utilizar con nosotros el expeditivo método usado en Oriente Medio, los señores del cotarro ya experimentan soluciones para que no se nos ocurra vivir tanto como ellos.

 
 
 

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1 comentario


Luis Fernandez Ovalle
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