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22 marzo 2026 (1): La huelga de la primavera

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 7 horas
  • 3 Min. de lectura

Los sindicatos nacionalistas vascos convocaron una huelga general para el pasado martes en Euskadi y Navarra, de dudosísimo éxito. Por supuesto que los organizadores cantan victoria, pero los datos objetivos apuntan a que las grandes empresas no han experimentado problemas importantes. El paro ha tenido más impacto en el funcionariado (enseñanza, sanidad...) y en el comercio, porque los piquetes han coaccionado para su cierre. No me extraña el resultado tibio de la convocatoria, porque su reclamación era un salario mínimo vasco de 1.500 €. Entendedme, no es que esté mal reivindicar una mejora en los ingresos de los trabajadores más precarios, el desencuentro con la mayoría de los asalariados es otro o, mejor, varios otros.

Para empezar, la tal reivindicación confunde su planteamiento geográfico, porque las administraciones vasca y navarra no creo que tengan competencias para fijar el salario mínimo interprofesional y, si lo intentaran, seguro que se toparían con la ubicua administración de justicia española. Más aún, el Gobierno Vasco, presidido desde hace décadas por el PNV, jamás adoptará una iniciativa que moleste sobremanera a sus empresarios, ya que son estos quienes mayormente han estado tras el devenir de esta organización política durante toda su historia.

Con todo, lo peor de esta movilización es que en ella brilla por su ausencia la solidaridad entre los trabajadores de distinta procedencia y residencia; parece que a estos convocantes, entre los que pesa muchísimo más su compromiso nacionalista que su supuesto carácter obrerista, las antiguas consignas de "agrupémonos todos en la lucha final..." y "la Tierra patria de la humanidad" les suenan a monsergas trasnochadas. Incluso aunque se aceptara el planteamiento ombliguista para solo vascos, yerran el tiro, porque hoy son muchísimos los que, de entre nuestros jóvenes, no hallan trabajo aquí pero sí fuera de nuestro territorio (así que los planteamientos de los convocantes del paro han de ser el resultado de una insuficiente reflexión, que no tiene en cuenta los intereses de todos, porque no quiero pensar que les importe más vivir del sindicato que el bienestar de quienes dicen representar).

Todavía más histriónico es que la demanda formulada exige esa cantidad mínima aún para las pensiones, incluso para las no contributivas. Tal reivindicación es manifiestamente injusta, porque la gran mayoría de quienes trabajaron fuera de casa y no contribuyeron a la caja de la SS fue por decisión propia; muchos de ellos profesionales liberales, disfrutando de magníficos ingresos (abogados, médicos...), pero que durante su vida laboral no quisieron apoquinar y, otros numerosos, propietarios agrícolas y ganaderos, que igualmente consideraron conveniente ahorrarse las aportaciones como autónomos.

A todo esto, si lo de un salario mínimo vasco es jurídicamente imposible, lo de contar con una pensión mínima autonómica todavía es más ilusorio e insolidario, porque la caja de las pensiones es española, no vasca, así que es del todo imposible que la Administración Central del Estado apoquine en Euskadi lo que no proporciona en el resto de la geografía española; máxime cuando ese fondo común se sostiene gracias a su universalidad en todo el territorio, o sea, que los vascos percibimos nuestras pagas de jubilados sin sobresaltos, como los demás beneficiarios, gracias a que las contribuciones de algunos lugares suben cuando otras bajan y se compensan las unas con las otras en su irregularidad (ahora mismo, los cotizantes vascos somos deficitarios en el balance entre las aportaciones de los trabajadores en activo y de las empresas y las percepciones de nuestros jubilados).

Imagino que, así las cosas, los iluminados convocantes de la jornada de lucha pretendían que fuera el Gobierno Vasco quien cargara con la diferencia en el caso de las pensiones. Pero ahí también se equivocan, porque el cupo permite que nuestra administración autonómica gestione un determinado porcentaje de lo que las diputaciones recaudan, pero esa cantidad no está destinada a la Seguridad Social, sino a los presupuestos de Euskadi; ni Vitoria ni Madrid van a permitir semejante desviación de tales recursos.

Y termino, la subida del salario mínimo no es el Bálsamo de Fierabrás, que cura la precariedad y la pobreza. Porque la normativa laboral sigue permitiendo los contratos por horas, lo que conlleva salarios mínimos reales mucho más bajos que el nominal y porque, mientras hace algún tiempo el salario mínimo era el percibido por una minoría exigua de la masa de asalariados, ahora lo cobra una minoría mayoritaria. O sea, que en realidad el valor real del salario medio de los trabajadores por cuenta ajena sigue descendiendo, a pesar de las sucesivas subidas del mínimo, ya que las empresas contratan masivamente por los sueldos más bajos posibles que, desde luego, no responden a la brutal alza de los precios.


 
 
 

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