22 junio 2025 (2): ¡Ay, Suresnes!
- Javier Garcia

- 22 jun
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En las horas que la tríada capitolina, compuesta por García (Koldo, para los amigos), Ábalos y Cerdán, amenaza, por su presunta actuación y posterior delación, con reventar desde dentro al actual gobierno de coalición, es oportuno hacer una reflexión sobre el papel histórico del PSOE desde el inicio de la denominada transición democrática.
Es evidente que el poder económico de toda la vida y el acumulado por los fieles al régimen franquista de principios de los setenta del siglo pasado no tenían otro propósito que sobrevivir y mantener sus privilegios tras el deceso del dictador. Sabían que el Partido Socialista Obrero Español, pese a su modesto papel durante las décadas de infame fascismo, iba a resultar un sumidero de votos progresistas gracias al descrédito propagandístico del comunismo (que, por cierto, el eurocomunismo no iba a detener). Así que, para que el estatus de los privilegiados no peligrara, bastaba con asegurarse de que el PSOE adoptara una versión descafeinada de sí mismo, en sintonía con la socialdemocracia europea, que tan eficaz se mostró al oeste del "Telón de Acero" para detener cualquier tentación revolucionaria.
Y así fue o así se hizo. Del congreso de Suresnes salió una joven dirigencia cuyo único obrerismo se manifestaba en sus trajes de pana. Y de aquellos polvos estos lodos, debido al importante cacho de poder accesible, el partido se llenó de arribistas solo interesados en su escalada personal. Así que, desde aquellos infaustos acontecimientos, en su seno se han sucedido los casos de corrupción con casi igual cadencia que en los partidos de la derecha; con la diferencia de que entre los llamados partidarios del "orden" el llevarse comisiones dudosas y comprar voluntades está bien visto e impacta escasamente en las urnas y, además, cuentan con muchos más aliados en el estado profundo, para paliar notablemente las desagradables consecuencias que estas prácticas puedan traer a sus autores.
Si a todo eso sumamos que los corruptores nunca, o casi nunca, son castigados tan severamente como los corruptos (contrariamente a lo que dicta la moral cristiana: ay de aquel que escandalice: más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar), y que quienes entre la izquierda son descubiertos entretenidos en esas prácticas enseguida cantan por soleares y actúan de eficaces submarinos contra su propia formación, tenemos el cóctel perfecto para que los incapaces de convencer al electorado de las virtudes de sus "¿programas?" se lleven el premio del gobierno por incomparecencia del adversario.
¡Ah! Que nadie piense que con el desbaratamiento de esta presunta trama el PSOE se ha librado de todos los que trabajan desde dentro, de modo consciente o sin pretenderlo, para la ruina de cualquier política de verdadero cambio; no hay más que leer o escuchar las declaraciones de algunos de sus señores locales para temerse lo peor.

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