22 febrero 2026 (2): Andrew, o Andrés, como prefiráis
- Javier Garcia

- 22 feb
- 2 Min. de lectura
La noticia del jueves es que el ya no príncipe Andrés (yo creía que lo de llevar capa y ligar la chica más guapa era una condición genética imborrable), hermano del actual rey británico, ha sido detenido, solo por espacio de diez horas, por posible conducta inapropiada ejerciendo un cargo público. Claro que la tal supuesta conducta inapropiada era ya difícil de justificar hace años, cuando su santa madre apoquinó un buen montón de dinero para callar a una de las víctimas del apetito sexual excesivo, y desviado hacia las jovenzuelas, de su vástago preferido.
Lo verdaderamente nuevo del momento actual es que la publicación de toda la basura que se acumuló en la isla Epstein durante años puede hacer peligrar la institución monárquica, y no solo en el Reino Unido, también en Noruega, porque se ha sabido que la reina consorte Mette-Marit era muy amiga del organizador multimillonario de las orgías que a tantos famosos y adinerados están salpicando.
Son malos tiempos para reyes y demás cohorte de familiares ociosos; y no porque ahora estén haciendo lo que antes no hacían, sino porque en los años actuales no hay forma de mantener los secretos, y menos si son de esos que se gestan entre sábanas y se riegan con champagne.
A este paso Abu Dabi, que ha probado si idoneidad acogiendo a cabezas coronadas venidas a menos, se va a llenar de sangre real europea exiliada, confiada en que así se deje de hablar de sus correrías sexuales y, sobre todo, de sus poco transparentes negocios. Esperan todos estos señalados por la gracia divina que la humana justicia no haga mella en sus delicadas carnes.
De todas formas no quería hablar de los ángeles caídos, sino de los implacables arcángeles justicieros que, para que su paraíso no se torne en infierno, no han dudado en condenar al olvido, el desprestigio o la expatriación a quienes formaron parte de sus antaño amorosas familias. La supervivencia de la institución y el bienestar de quienes aspiran a beneficiarse de ella descartan cualquier flaqueza ante la suerte de los que, hasta hace bien poco, eran sangre de su sangre. A Mette-Marit no le auguro nada bueno, es muy probable que su marido y sus propios hijos no la ubiquen ya entre sus prioridades.

Comentarios