21 diciembre 2025 (4): Otra vez incorrecto e indecoroso
- Javier Garcia

- 20 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 24 dic 2025
Tomad buena nota de esto: al tiempo que la fiscalía pide el sobreseimiento de la causa por agresión sexual contra Íñigo Errejón, saltan a los cabeceros de todos los noticiarios un sinfín de presuntos abusos del mismo cariz, supuestamente cometidos por altos cargos de casi todos los partidos políticos, gobiernos y parlamentos, contra mujeres de sus mismas organizaciones o empleadas próximas a sus funciones.
No dudo de que la sinvergüencería no conoce de clases sociales ni de colores políticos, y que hay muchos que se aprovechan del poder que detentan para satisfacer sus viles apetitos sin el consentimiento de la víctima. Pero, sinceramente, me resisto a asumir que haya tantos; ¿es que la profesión política es especialmente apetitosa para esa clase de perfiles criminales? Insisto, no lo creo y así lo manifiesto. Especialmente si se tiene en cuenta que es ahora, y a la vez, cuando se han conocido todas esas lamentables supuestas agresiones; precisamente cuando el debate con argumentos ha pasado a mejor vida para sumergir la lucha partidista en el cieno de la abyección.
Da la sensación de que las organizaciones políticas y sus voceros tenían dossieres inculpatorios, muy, poco o nada fundados, que involucran a personalidades masculinas de los partidos contrarios. Así que, una vez se airean los primeros de estos inmundos informes, los culpables, o difamados, hacen lo mismo con los supuestos casos archivados por su parte (indefendible estrategia, sea calumniosa o tolerante con los delincuentes durante el lapso silencioso), generándose una situación en la que el ciudadano ya no sabe qué pensar de los representantes por los que votó que, por cierto, es el sueño húmedo de la derecha más antidemocrática.
Insisto en la opinión de que denuncias efectuadas años después de los presuntos agravios son muy poco creíbles y, sobre todo, su demora en el tiempo va a imposibilitar a las partes presentar pruebas o testimonios que soporten sus posiciones; el affaire más antiguo que se ha sacado a pasear es el de un pretendido abuso de Adolfo Suárez en los años ochenta del siglo pasado, cuando él contaba cincuenta años y la que se arroga la condición de víctima diecisiete.
Todo esto no es óbice para exigir de la clase política mecanismos internos eficaces en la lucha contra las agresiones machistas, de modo que esta pesadilla acabe y la ética también sea el código de conducta privado, abrumadoramente mayoritario entre quienes tienen responsabilidades públicas.

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