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20 julio 2025 (1): El conflicto migratorio nos golpea

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 20 jul
  • 2 Min. de lectura

Supongo que todos mis lectores conocen los tristes acontecimientos ocurridos en Torre Pacheco, provincia de Murcia: un sesentón autóctono recibió una soberana paliza a manos de unos migrantes magrebíes (nadie, ni la propia víctima, explica las causas de la agresión) y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, grupos violentos de la extrema derecha se citaron en esa localidad para practicar la que despectivamente llaman caza al moro.

También conjeturo que, como yo, rechazáis de plano tanto el ataque al señor mayor (me cuesta usar este calificativo porque es un año más joven que yo) como la reacción desaforada de los ultras, que han usado el incidente como pretexto para hacer lo que llevaban tiempo maquinando.

Es pues evidente que ninguna de las violencias desencadenadas tiene justificación, pero, y es de lo que quiero hablar, sí tienen una explicación. Respecto de la que incurrieron los migrantes, muy probablemente de segunda generación, es decir, en realidad nacidos en España, aparte de algún posible conflicto personal con el apaleado que no se ha divulgado, se puede adivinar el resentimiento ante la condena a vivir en la penuria, sin ascensor social que lo evite. En cuanto a la respuesta extremista, se encuadra en el contexto de la ofensiva del fascismo global, favorecida por la frustración de una juventud local, desencantada por la falta de expectativas, que ve en la mano de obra extranjera la causa del maltrato laboral (bajos sueldos y precariedad).

La culpa última real es del sistema capitalista internacional, que ha conseguido de la inmensa mayoría de los gobiernos, de casi todos los colores, que sean tolerantes durante décadas a la migración ilegal y desordenada. De hecho, para los intereses de quienes han propiciado esta situación, un migrante legalizado e integrado es tan indeseable como un asalariado autóctono, porque va a ser exigente con sus condiciones, de modo que la llegada de nuevos “esclavos” no tiene fin, siempre necesitan “carne barata” que sustituya a los que se van “adocenando”, ya protegidos por la normativa vigente.

Y termino, si lo que esperáis es que plantee una solución… no la hallo. Solo dejarán de venir cuando las expectativas de calidad de vida en los países de acogida sean tan malas como en su tierra de origen (fecha no tan lejana como nuestro supremacismo nos hace barruntar).

En cuanto al futuro del mundo… será mestizo. No solo en el color de la piel, también en las costumbres, en la forma de pensar…, y no sé si será bueno o malo, solo abrigo la esperanza de que los trabajadores, porten los genes que porten, sepan organizarse otra vez para demandar lo que merecen.

 
 
 

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