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19 enero 2025 (3): Alto el fuego en Gaza

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 19 ene 2025
  • 2 Min. de lectura

Hoy cobra vigencia el acuerdo que posibilita un alto el fuego en Gaza, tras casi año y medio de guerra y cerca de cincuenta mil muertes. Es, sin duda, motivo de celebración, para los rehenes hebreos y sus familias y para los miles de gazatíes que aún sobreviven a los bombardeos, el hambre, la falta de asistencia médica y la ausencia de unas condiciones mínimas de higiene y frente al frío.

La fiesta es, sin embargo, agridulce, porque nadie va a devolver la vida o los miembros amputados a las víctimas de esta salvajada y porque el cese temporal y condicionado de las hostilidades no significa que se acabe el conflicto bélico. Los voceros mejor informados del lado occidental argumentan que el cambio de ocupante de la Casa Blanca (Trump será investido como presidente de los Estados Unidos mañana), la crisis de los rehenes, las víctimas militares israelíes en número creciente y las protestas civiles judías han hecho modificar la opinión a Netanyahu y su ejecutivo. Yo, por el contrario, creo que esta batalla termina habiendo alcanzado Israel todos sus objetivos militares posibles; porque la completa ocupación terrestre de la franja y su mantenimiento indefinido en el tiempo no está a su alcance a un precio que su sociedad esté dispuesta a pagar y, claro, los sueños maximalistas quedan para otra ocasión.

Efectivamente, en esta guerra, como creo que también sucede en la otra mediática, librada en Ucrania, los jóvenes, que viven medianamente bien y no ven en serio riesgo su existencia misma y las de sus próximos, no están dispuestos a "derramar hasta la última gota de su sangre" por la patria (recuerdo esa expresión de mis tiempos de servicio militar). Así que llueven los proyectiles, los drones y los misiles, pero no hay infantería que consolide las posiciones, a riesgo de tener que sufrir un elevadísimo número de bajas.

Me sé el ciclo de acontecimientos que viene a continuación: las mismas sociedades que han aplaudido o, cuando menos, respondido con un espeso silencio a las atrocidades cometidas, se volcarán en ayudas humanitarias para los desplazados, mientras las empresas encargadas de la reconstrucción, a costa de los recursos públicos globales, se harán de oro volviendo a erigir los miles de viviendas destrozadas y las infraestructuras de servicio imprescindibles. Se retornará al equilibrio inestable de la más gigantesca prisión que el mundo haya conocido, rodeada por el carcelero más implacable, ahora reforzado como nunca antes en su tarea de privar de libertad y recursos a los gentiles, esos que no tienen madre hebrea ni son observantes de las reglas y enseñanzas contenidas en la Torah y el Talmud.

 
 
 

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