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16 noviembre 2025 (2): La Ertzaintza y la delincuencia migrante

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 16 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 14 dic 2025

Muchos de quienes en toda España se llaman progresistas han puesto el grito en el cielo porque la policía vasca se ha decidido a publicar estadísticas relativas a los perfiles étnicos de los delincuentes. En su día, y pese a considerarme igualmente de izquierdas, estimé pertinente la iniciativa de la Ertzaintza porque evitaba la especulación y la tergiversación de la realidad por los mentirosos interesados.

Según Deia, que es el primer periódico que ha difundido esta información, el 64,2 % de los detenidos por los uniformados vascos eran extranjeros, mientras que un 57 % de los investigados resultaron ser españoles. En lo tocante a los delitos más graves, los que implicaban el homicidio, los hechos de esta naturaleza protagonizados por migrantes involucraban 23 detenciones y 4 investigaciones; al tiempo que los que mostraban implicación de autóctonos habían propiciado 15 detenciones y 9 investigaciones. El diario en cuestión, tal vez por el temor de que se le acuse de xenófobo, ha afirmado que la estadística no es concluyente, lo que resulta bastante sorprendente teniendo en cuenta que la población migrante no nacionalizada es del 14 % del total.

Por supuesto que se hace preciso manejar estas cifras matizando sus limitaciones; por ejemplo, el número de detenciones no se puede asimilar a la cifra de delincuentes porque son numerosos los multirreincidentes. Pero, con todo, y como ya aventuré en un artículo anterior, los extranjeros están desproporcionadamente representados en las estadísticas delictivas. Como igualmente alerté en dicho escrito, hay que matizar que estos números no están contextualizados, porque no se contrastan con los perfiles de desarraigo y necesidad económica de los criminales.

En definitiva, los datos publicados por la Ertzaintza no revelan nada que el sentido común no pueda decirnos: quienes carecen de recursos para vivir dignamente delinquen más que aquellos que, por lo menos, tienen las necesidades más primarias cubiertas. Insisto que esta constatación no estigmatiza al sector de la población venida de fuera, sino que nos pone ante una realidad incómoda: la llegada desordenada de personas sin formación ni posibilidades de ocupación es dañosa para ellos mismos, que constatan cómo su sueño de haber arribado al Edén se transforma en la pesadilla de que han desembarcado del Aqueronte o del Estigia; y para quienes los acogen, que ven disminuida la calidad de sus contratos laborales y perjudicada la convivencia en las calles, por la presión de los que compiten deslealmente por el empleo o, mucho peor, optan por el robo o la violencia para solventar sus problemas de supervivencia e integración.

Tenemos un serio problema que irá empeorando con el tiempo. La corrección y el discurso buenista son moralmente muy superiores a la estigmatización de los foráneos y las propuestas xenófobas, pero como estas, también inútiles. Hay que coger el toro por los cuernos para proteger a los trabajadores regularizados, sean de donde sean, y garantizar la amable convivencia entre todos. Y eso no es posible sin controlar debidamente la entrada de personas al territorio nacional y reglamentar adecuadamente el mercado de trabajo para que todos, los de más allá y los de más acá, estemos protegidos por la ley y disfrutemos de las mismas oportunidades de ganarnos la vida con la calidad que se supone en un país desarrollado.

 
 
 

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