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15 marzo 2026 (2): En el laberinto

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 4 horas
  • 2 Min. de lectura

Las guerras tienen el feo vicio de discurrir fuera del control de quienes las promovieron. Es el caso del ataque conjunto de los Estados Unidos e Israel a Irán, que ha entrado en un bucle infernal del que no hallan la salida ni los agresores ni el agredido. Los primeros no terminan de conseguir lo que querían ni encuentran el modo de cesar los combates sin dar la impresión de haber fracasado en sus propósitos y el segundo ve en la extensión del conflicto, con sus letales consecuencias económicas, una suerte de pírrica victoria mientras su población sufre calamidades sin cuento.

Y no será que el presidente norteamericano no fue reiteradamente avisado de esta terrible encerrona por sus expertos militares, pero pudieron más otras consideraciones menos racionales, fueran estas las que fueran.

El problema es que, amén de los causantes del desastre, también hemos sido pillados en la celada el resto de los miembros de la comunidad internacional, que vamos a sufrir de un brutal encarecimiento de los combustibles y, con él, el de cualquier mercancía que no provenga del kilómetro cero.

En lo militar, y a poco que se analicen las refriegas de los últimos tiempos, se deduce que las grandes potencias económicas y tecnológicas pretenden alcanzar sus objetivos bélicos sin mancharse las manos ni contar bajas propias; así que sus ataques tienen lugar desde el aire, mediante la aviación o, más frecuentemente, con drones y misiles. Pero estos no son suficientes para doblegar a países extensos y con geografía montañosa o naturaleza enmarañada. Máxime si sus pueblos, estén gobernados por los regímenes que sean, rechazan la intervención exterior. Así que, tras los fuegos artificiales y los confetis portadores de la muerte y la destrucción, llega el desconcierto, porque solo se hace evidente que todos pierden: la población civil masacrada de los agredidos y la economía de los agresores y de quienes, lejos del conflicto, experimentan sus negativas consecuencias.

El problema es que nadie quiere, ni sabe, deshacer este nudo Gordiano; roguemos que no se les ocurra, y pongan en práctica, la terrible idea de solventar el problema cortándolo, o sea, empleando armas de destrucción masiva.


 
 
 

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