13 septiembre 2026 (2): PISA pisa cada vez más fuerte

Actualizado: hace 12 horas
Se ha inaugurado la presente semana con la publicación del famoso informe PISA, en esta ocasión fundado en las pruebas que en la primavera de 2025 se hicieron a los estudiantes de 15 años en todos los estados de la OCDE, o sea, del mundo denominado occidental, aunque algunos de sus miembros caigan allá por el lejano Oriente.
Y ha saltado la ya barruntada mala noticia de que el nivel colectivo alcanzado vuelve a descender notablemente cuando los resultados se comparan con los recogidos en la evaluación anterior de 2022.
Los expertos culpan de tal descalabro a un conjunto de razones ya esgrimidas en previas ocasiones: el alumnado actual lee poco y es perezoso e indisciplinado. Siento discrepar; esa lista no es de las causas, sino de los efectos. Se lee poco porque nuestro modo de vida, el que le interesa al sistema, desincentiva la lectura y, claro, los libros han sido sustituidos por las pantallas de la televisión, las tablets y los móviles (últimamente con la IA empeorando las cosas; que se olviden los profesores de evaluar mediante trabajos, todos son cortapegas inmundos, van a tener que volver a los exámenes tradicionales aunque sea por lo militar); y nuestros niños y jóvenes no se aplican con entusiasmo a las tareas escolares porque muchos de ellos habitan infraviviendas sin espacio para estudiar, dependen de unos progenitores que no tienen tiempo para dedicárselo, comparten las aulas con compañeros de vidas aún más precarias, especialmente si se trata de migrantes que desconocen el idioma y las costumbres, de modo que ralentizan notablemente el progreso de todo el colectivo, son educados por profesores que, debido a las extremas condiciones en las que desempeñan su trabajo, han abdicado de su original vocación y, finalmente, contemplan con pesimismo su futuro y consideran inútil su esfuerzo porque no son ajenos al desmantelamiento de la meritocracia (si es que alguna vez gobernó el destino de los menesterosos), eso cuando no apuestan por esos nuevos "trabajos" de "influencers" o, hablando más sinceramente, de embaucadores diversos echados a la vida fácil.
Si este es el sombrío diagnóstico general (incluso entre los países que encabezan los rankings), hay que lamentar que España sigue despeñándose hasta figurar entre los que más señalados quedan. Eso quiere decir que los problemas que aquejan a la generalidad de las naciones son aquí más graves que en otros sitios (es evidente la vertiginosa caída del nivel de vida en España, la forzada recepción de una masa de migrantes muy por encima de la media y el elevadísimo consumo de alcohol y marihuana entre los escolares, muy poco vigilados por sus ocupados mayores) y, puede, que la piel de toro también sufra de otras patologías no tan generales, como la brutal irrupción y el crecimiento desmesurado de la formación elitista privada en todos los niveles educativos, lo que está generando auténticos ghettos escolares.
Los hay que salen retratados aún más feos, estoy hablando de los estudiantes de determinadas comunidades autónomas, concretamente varias de las que cuentan con más de una lengua oficial. Catalunya escapa de la quema con el ardid de salirse de la prueba por la vía de excluir de los exámenes a un gran volumen de alumnos, presumiblemente de bajo rendimiento. De entre los tests válidos, han sido particularmente penosos los resultados obtenidos en Navarra, el País Vasco y, sobre todo, Valencia; lo que inevitablemente cuestiona sus modelos lingüísticos y reitera la evidencia de que se aprende más y mejor cuando a uno se le enseña en su lengua madre, incluyendo el caso de los sacrificados "bizkaidunes" (me permito este palabro para denominar a los euskaldunes que en casa hablan el dialecto vizcaíno y en las aulas sufren el batua en silencio).
Es evidente que la comprensión lectora en Euskadi es particularmente baja entre los jóvenes examinados y, sospecho, también entre bastantes de las generaciones que han sido educadas en las dos últimas décadas. Es la hora de proteger al euskera de otra forma más eficaz, y de asegurarse la adecuada preparación de nuestros nuevos ciudadanos para el mundo que los espera. Menos mal que el Lehendakari parece que conoce el remedio: apostar por la formación privada más que por la pública, así que, de aquí en adelante, en vez de acudir rutinariamente a la inauguración del curso de la EHU, atenderá a todo el entramado universitario vasco, personándose rotativamente a la misma ceremonia también en las universidades de Deusto y Mondragón, igualmente sitas en los territorios de su incumbencia.
Ahora en serio, toca ponerse a trabajar y cambiar cosas, porque haciendo lo mismo se obtienen idénticos resultados; y estos pueden empeorar todavía más si a las causas socioeconómicas y políticas se suma la evolucionista tendencia a menor inteligencia que algunos científicos creen que es hoy la pauta dominante (parece que el vigente contexto biológico no exige de mejores coeficientes intelectuales para sobrevivir hasta la edad fértil y procrear; muy al contrario, quienes su cacumen no les da para ser conscientes de los problemas que sus hijos arrostrarán se reproducen más).

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