13 julio 2025 (2): La religión como privilegio
- Javier Garcia

- 13 jul
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Actualizado: 22 jul
Lo constato: no creo, pero si alguien quiere que me decante por alguna fe, entre las opciones disponibles me inclino preferentemente por la condición de pagano. En primer lugar porque es el paganismo la religión europea por excelencia y, en segundo y fundamental, porque las confesiones paganas eran inclusivas, capaces de incorporar a sus panteones a dioses foráneos cuya existencia y poder eran considerados tan verosímiles o improbables como los de los propios.
Pero, en un lugar no suficientemente bien precisado del medio oriente, apareció la fe abrahámica que, por mucho que sus partidarios la reivindiquen como tal, no es monoteísta, sino supremoteísta. Quiero decir que, para quienes la profesan, lo importante es que su dios es superior a los de los demás y, lo que es aún más inquietante y perturbador, el tal solo quiere, protege y defiende a los suyos, con los que ha suscrito una suerte de acuerdo incorruptible, en perjuicio de los intereses del resto de los humanos. Seres, estos pobres discriminados, cuya existencia es irrelevante y miserable, ya que el creador no contempla para ellos trato de favor alguno; muy al contrario, en el mejor de los casos los condena a vivir bajo la bota de sus creyentes, cuando no a su exterminio o al castigo infernal eterno.
Para desgracia de nuestra especie, puede que por nuestra innata tendencia a creernos importantes a costa de la descalificación de los demás, ha triunfado ese punto de vista y, hoy, son mayoría quienes profesan esas creencias excluyentes. Peor aún, hasta algunos de aquellos que imploran el favor divino desde otras religiones, plagadas de numerosas deidades, han tomado prestado del abrahamanismo su supremacismo, y también se creen investidos del carácter de elegidos, lo que igualmente los autoriza al señalamiento y la discriminación de sus vecinos que no comparten sus dogmas.
Por eso insisto en el paganismo como mejor alternativa teológica, por más ingenuo y primitivo, donde las divinidades no son sino los astros que nos calientan e iluminan, al tiempo que escriben el calendario en el incomparable pergamino de la esfera celeste, la tierra, que proporciona el alimento, y el agua, que posibilita el fluir vital.

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