top of page

11 enero 2026 (3): No elegimos

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • 11 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 días

El segundo mandato de un personaje del cariz de Trump o las reiteradas victorias electorales de la dupla constituida por el Partido Popular y Vox en las regiones españolas más pobres suscitan una inevitable pregunta: ¿Somos los propios ciudadanos, con nuestros votos, quienes facilitamos que el poder nos machaque?

Mi opinión es que no, que no decidimos en absoluto. La formal democracia liberal tiene trampa. En los Estados Unidos, para votar, es necesario inscribirse en el censo electoral, lo que cuesta dinero y tiempo, así que los desheredados de la fortuna no tienen recursos, ni ganas, ni unidad, para dar la batalla por el poder. En España la derecha más recalcitrante prácticamente monopoliza el control de los medios y maneja en su favor la interpretación de la ley, vía la mayoría abrumadora de jueces de ideología conservadora.

Y si, a pesar de todo, en un determinado momento y lugar triunfa una propuesta electoral progresista, tampoco es un problema irresoluble para el verdadero poder; porque el orden global está edificado sobre los intereses de las clases dominantes, así que el gobierno local poco, o prácticamente nada, puede hacer frente a las condiciones generales impuestas por la "comunidad internacional" y sus instituciones, nada democráticas todas ellas. De modo que el inopinado huésped del ejecutivo y legislativo suele decepcionar a sus electores y, para la siguiente cita en las urnas, otra vez vuelta de la tortilla. Y si la opción política alternativa pretende eternizarse en el poder, legal o ilegalmente, copando todas las instituciones decisivas para el control de la economía... entonces ocurre lo que ocupa estos días los titulares de prensa: asfixia comercial primero y, si esta no es suficientemente expeditiva, intervención militar directa después.

Ya sé que en la historia se han sucedido puntuales episodios algo más democráticos que los actuales, por ejemplo, las dos primeras décadas tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero ocurrió que tal circunstancia se asumió como mal menor por los adinerados, que no tuvieron otra alternativa que proporcionar esperanza y cierto nivel de vida a las clases más bajas, que eran las que debían reconstruir un planeta devastado y, además, estaban tentadas por un sistema alternativo.

¿Volverán esos extraños tiempos de bonanza para los modestos? Es posible, y hasta inminente, porque los excesos del capitalismo desinhibido pronto nos van a llevar a las puertas de una catástrofe medioambiental de magnitud planetaria. La duda es, si para entonces, va. a quedar algo que salvar de nuestra civilización. ¿Es la inteligencia tecnológica el cáncer de la vida en cualquier lugar del universo en que haya prosperado?

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Formulario de suscripción

688806378

©2020 por El observador inercial. Creada con Wix.com

bottom of page