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1 noviembre 2026 (3): Teníamos la barba a remojo y ya nos la han afeitado

Foto del escritor: Javier Garcia
Javier Garcia
hace 2 horas
2 min de lectura

La semana pasada, respondiendo a la escalada de violencia de las calles europeas, escribía el artículo que titulaba "Vemos las barbas del vecino pelar". Pues bien, Barcelona y Bilbao ya se han sumado a las urbes atormentadas por el caos social, o sea, que también nos han rasurado el pelo facial.

En relación a tan lamentables incidentes debo comenzar condenándolos sin paliativos. La quema de coches de trabajadores, el ataque a comercios modestos y la destrucción del mobiliario urbano no son acciones justificadas ni, mucho menos, útiles a la hora de reivindicar los cambios laborales y socioeconómicos que la Europa Occidental necesita urgentemente.

Así que la pregunta que debemos hacernos es quiénes han alentado ese caos y quiénes lo han propiciado materialmente. Parece que está fuera de toda duda el papel de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería y, dentro de ellas, determinadas cuentas que convocaban para unirse al desenfreno. Desgraciadamente, los agitadores se aferran a la confidencialidad que les garantizan las plataformas digitales que, por criterios estrictamente comerciales, protegen el anonimato de todos sus usuarios; de modo que la identificación de las mencionadas cuentas no desenmascaran a quienes están detrás de ellas al no existir, insisto, una abierta colaboración de las tecnológicas con las autoridades. Pese a todos esos obstáculos, en las últimas horas se están produciendo detenciones relacionadas con la iniciativa denominada Blocus; aunque es muy probable que los grandes responsables de esos llamamientos a la violencia estén mucho más arriba que los arrestados: a mí se me ocurren varias alternativas explicatorias plausibles: acciones de falsa bandera (parece que los convocantes son de izquierda neta o nacionalistas radicales, pero los verdaderos instigadores pueden pertenecer a ese arco ideológico o al extremo opuesto), injerencias de potencias extrañas interesadas en desestabilizar la convivencia en los lugares donde se desarrollaron los lamentables incidentes y, en cualquier caso, muy posiblemente todo ello apoyado en las bandas delictivas urbanas, dedicadas mayormente al tráfico ilegal de estupefacientes, y en grupúsculos políticos desvariados y sin peso social alguno.

En cuanto a los descerebrados que se unieron personalmente a los actos vandálicos, puedo sospechar que una buena parte estaba constituida por jóvenes y niños (sí, niños) excluidos o auto excluidos del sistema por sus existencias desordenadas, pésimos estudiantes, sin futuro de ninguna clase y, en buena parte de los casos, consumidores habituales de sustancias psicotrópicas, que confunden la militancia antisistema con posturas destructivas y autodestructivas, para nada contribuyentes a la consecución de un mejor futuro. A esa mayoría de enfadados con el mundo y con ellos mismos seguramente se le suma un colectivo, mucho menor en número, pero todavía más beligerante, de adolescentes de origen migrante, que suman a la misma frustración de los autónomos la convicción de que, por ser quienes son, van a vivir permanentemente discriminados, al tiempo que su pertenencia a familias mucho más "largas" que las autóctonas les dificulta en grado extremo salir del agujero de la pobreza con recursos propios.

En cualquier caso, sean quienes sean los embaucadores y sean quienes sean los ejecutores del desmadre, el caos solo beneficia en última instancia a los de las soluciones fáciles: la autoridad transformada en autoritarismo. Por ese camino no vamos sino hacia sistemas totalitarios.

 
 
 

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