1 noviembre 2026 (1): Tiempo, el bien más valioso

No hace tanto imaginábamos que el progreso tecnológico iba a propiciar la llegada de la sociedad del ocio prácticamente ininterrumpido. La automatización de casi todo y, más recientemente, la denominada inteligencia artificial y la robótica, parecían hacer innecesario el trabajo de los humanos.
Y eso sin contar que, hace no muchas décadas, se dobló el número de trabajadores activos por la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral. Tecnología y socioeconomía parecían, pues, haberse conjurado para reducir drásticamente el tiempo de trabajo de los empleados individuales.
Pero, para sorpresa de los bien pensantes, que no habían tenido en cuenta la codicia en esta ecuación, se multiplicaron por dos los asalariados sin que su jornada disminuyera ni aumentaran los ingresos medios familiares en moneda constante. Peor aún, como ahora todos los que tienen edad de trabajar quieren y necesitan trabajar (fuera del hogar, quiero decir), ha estallado la escasez de tiempo como problema capital.
Creo que esa es la principal causa de la caída de la natalidad, al tiempo que los sostenes económicos de las familias hacen malabarismos para poder atender a sus proles y a las personas impedidas o discapacitadas por la edad. De echo, estas circunstancias también han acabado con el goce, esperado y nunca disfrutado, de muchos jubilados, a los que no les queda otra que arrimar el hombro: traer, llevar, entretener y alimentar a sus nietos, mientras sus hijos dejan la vida en sus respectivos puestos de trabajo (lo han de hacer, además, a edades bastante más avanzadas que anteriores generaciones, porque se llega a la condición de abuelo notablemente más tarde).
La situación tiene otras indeseables consecuencias: la pésima calidad de la alimentación, porque el no dedicarse a cocinar tiene la inevitable consecuencia de recurrir a la comida pre o cocinada del todo que, inevitablemente, sacrifica la calidad dietética en aras de ofrecer algo económicamente competitivo ya elaborado; el deterioro del sueño, tan importante para una buena salud, y la multiplicación de los casos de depresión y ansiedad que, conjuntamente, han elevado las enfermedades mentales a la categoría de la principal pandemia del siglo XXI.
Y todo porque hay que trabajar el doble para alcanzar los mismos ingresos relativos que antaño. Ello a pesar de que la automatización necesariamente ha debido incrementar notablemente la productividad (¿o nos engañan con cuentos de maricastaña?). En definitiva, como generamos mucha más riqueza y no la disfrutamos, algunos se están quedando con nuestro cacho adicional al tiempo que nos amargan la existencia hasta niveles desconocidos.
Demando, por tanto, algo que no es ningún disparate, es posible y hasta muy aconsejable: medias jornadas para todos, ingresos dignos y tiempo para los progenitores activos al cuadrado y los ancianos esclavizados. He dicho.

Comentarios