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1 marzo 2026 (1): Los derechos de la ciudadanía

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 2 días

En el reciente debate del Estado de la Unión Norteamericana Donald Trump afirmó que "el primer deber del Gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales"; y solicitó a los parlamentarios que se pusieran de pie quienes estuvieran de acuerdo con esa prioridad. Solo lo hicieron los representantes del ala republicana de la cámara, quedándose sentados los demócratas.

Entiendo la actitud de la oposición, porque alzarse sobre sus plantas podría interpretarse como una sumisión absoluta a la voluntad del Presidente, pero no la comparto; deberían, al menos, haber respondido positivamente en el turno de réplica. Porque, por su silencio, se puede poner en cuestión que se sientan obligados a defender a los electores, aquellos a quienes precisamente representan; y eso, en una democracia, es pecado mortal.

Como ya he comentado en algún artículo anterior, la confrontación es entre derechos humanos y derechos ciudadanos. Los primeros son patrimonio de cualquier persona, se halle donde se halle y en cualquier condición, mientras que los segundos solo corresponden a los miembros reconocidos de la comunidad en cuestión, sea su origen el que sea. Es de perogrullo que los derechos humanos admitidos no incluyen la libre circulación por el mundo (la ONU no puede dictar normativas que van contra el ordenamiento jurídico de la casi totalidad de sus miembros) ni muchos otros que solo disfrutan quienes residen legalmente y, de forma especial y en mayor medida, los poseedores de la nacionalidad del territorio concreto del que, en cada caso, hablamos. Así que, con el legalidad vigente en la mano, quienes sobrepasan una frontera sin satisfacer las condiciones impuestas por el estado anfitrión, tienen, sí, derecho a un trato digno (que la administración actual republicana niega en muchas ocasiones), a ser atendidos en sus necesidades vitales durante el tiempo de estancia en la tierra extraña y, lógicamente, a no sufrir vejaciones ni separaciones familiares traumáticas (a las que también se están viendo sometidos). Pero no poseen el privilegio de residir cuanto deseen en el país de acogida ni, menos, el de trabajar o disfrutar de los servicios sociales que los ciudadanos pagan con sus impuestos.

Estos es así allí y en todas partes. Por lo que, insisto, Trump les "pilló" a los demócratas expeliendo un tufo poco democrático, casi tan fuerte como el que él mismo emana.


 
 
 

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