31 mayo 2026 (2): La lucha final
- Javier Garcia

- hace 5 días
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Actualizado: hace 4 días
El capitalismo español más feroz está inmerso en la que considera su última batalla para controlar el gobierno y la administración central españoles. ¡Quién lo iba a decir! Que la lucha final de La Internacional no fuera el asalto de los proletarios al poder sino que se transformaría en la confirmación del dominio omnímodo del mundo y, en este caso, de España, por las grandes fortunas y corporaciones.
Para ello están desplegando todos los recursos disponibles ("el que pueda hacer que haga" es el slogan lanzado por el más conservador de todos los expresidentes del Gobierno; calificación nada baladí porque compite con duros rivales): desacreditan mediante la publicación y posible encausamiento de las actividades financieras, poco decorosas o, incluso (habrá que ver), delictivas de antiguos cargos socialistas, al tiempo que se demoran los enjuiciamientos de las numerosas corrupciones de la derecha y la extrema derecha, acoso y derribo de los poquísimos medios de comunicación aliados de la coalición gobernante y, si no, su compra, para transformarlos en megáfonos propios, casual coincidencia en el tiempo de todo esto con los triunfos en los tribunales de los hasta ahora más mediáticos presuntos evasores de impuestos, agitación de los problemas causados por la inmigración masiva y reclamo huero de los servicios públicos para los españoles de pura cepa (cuando lo que pretenden es que no los haya para nadie), búsqueda infructuosa de enemigos exteriores que justifiquen la militarización express, movilización en su favor de los derechismos regionales y, sobre todo, de los partidos nacionalistas de Catalunya y Euskadi, que se les está viendo la patita (les pesan más sus "deberes" para con su clase empresarial que sus sueños independentistas)... Y todo ello tal vez planificado en oscuros conciliábulos, algunos quizás celebrados en los sótanos de las cancillerías de potencias extranjeras (y eso que los conjurados se autocalifican como los más patriotas).
La única esperanza que resta al progresismo es que los agresores hayan calculado mal los tiempos y sus venenos se disuelvan antes de lo previsto en el espumoso océano estival o pierdan sus taumatúrgicos poderes por el efecto euforizante de los mojitos, que unos y otros vamos a paladear mientras tostamos al Sol los contenedores de nuestros cacúmenes, a estas alturas de nuestras vidas ya despoblados del pelo protector.

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