31 mayo 2026 (1): Nada que celebrar
- Javier Garcia

- hace 5 días
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Actualizado: hace 13 horas
Acabamos de soportar una horrible semana en la que las temperaturas se han disparado al ritmo del maldito calentamiento global. Mientras tanto, algunos miembros de la Ertzaintza han dado la bienvenida a su manera a los miembros vascos de la flotilla que osó cuestionar el genocidio de Gaza, el asunto Zapatero sobrevuela amenazador sobre la actual legislatura (no hay certeza de si con vuelo propio o alzado sobre algún maldito dron de los malintencionados), la denominada Autoridad, ¿Independiente?, de Responsabilidad Fiscal presiona para que mengüen nuestras pensiones, Cuba, la isla sufriente, ve cómo el huraño vecino del norte pretende devolverla a su condición de prostíbulo y casino de sus viciosos, Palestina se desangra sin mayor atención por parte del resto del mundo, el golfo Pérsico, pese a los anuncios de tregua que no todos los bandos en conflicto confirman, continúa bajo el régimen de las aguas procelosas, y el este de Europa sigue sin ver la salida a la guerra que lo acongoja.
Por si esos no fueran pocos, los hechos objetivos quiero decir, resulta que algún medio de comunicación, de prestigio por su pasado rigor, parece que ha cambiado de dueños, y los nuevos amos se alinean con las basuras informativas que nos inundan cual residuos domésticos desamparados en tiempo de huelga de los servicios de limpieza municipal.
Así las cosas, nos asomamos al verano, que nos obsequiará con más olas de insoportable calor e incendios a tutiplén, a la espera de no se sabe qué nuevas desgracias. Dad por seguro que, al término del estío, nos visitarán tormentosos fenómenos meteorológicos, cada vez más violentos y desastrosos.
Solo cabe refugiarse en la familia, y sus idas y venidas, y en las cuchipandas con los amigos bajo acogedoras parras y estimulados por deliciosos manjares, confiando en que las primeras sean de signo contrario a los acontecimientos globales y las segundas estén bien cocinadas y mejor regadas. Que tengamos mucha salud, que es a lo que se invoca cuando todo lo demás escasea, sobre todo en tiempos de apoquinar la liquidación del impuesto de las personas físicas.

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