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24 mayo 2026 (3): Cristianismo y poder

  • Foto del escritor: Javier Garcia
    Javier Garcia
  • hace 5 días
  • 2 min de lectura

Muchos creíamos que el cristianismo había entrado en una fase de decadencia paulatina, pero irreversible. Nada más lejos de la realidad, tal vez el número de practicantes y de quienes visten hábitos haya descendido, pero el poder político y económico permanece, no sé si hasta reforzado en los últimos tiempos.

La ola de conservadurismo y autoritarismo que está laminando los logros democráticos del siglo XX cuenta con numerosos aliados entre los creyentes del imperio, del que ahora desempeña el papel del romano quiero decir, que fue quien elevó esta fe a la categoría de única. Así, las sectas más retrógradas de la reforma han apoyado numerosas candidaturas ultraliberales en América, destacando su papel capital en el retorno a la presidencia del señor Trump; el catolicismo trentino está alineado con la exitosa ultraderecha en Hungría (el reciente cambio de gobierno es más estético que otra cosa), Polonia e Italia, y la ortodoxia bendice a unos cuantos regímenes casposos de la Europa oriental.

En España las organizaciones ultracatólicas se personan como acusación popular y hasta promueven las causas judiciales donde se ponen en peligro logros democráticos (como es el caso del derecho a la eutanasia). Los medios de comunicación de la Conferencia Episcopal exhiben un evidente sesgo conservador (sería más apropiado calificarlo como carca) y, añado de paso, poco evangélico. El patrimonio cultural e histórico artístico se ha inmatriculado masivamente en favor de la Iglesia Católica que, sin embargo, se inhibe de su conservación, que depende de los recursos destinados para tal fin por el estado laico. La Iglesia Católica sigue siendo la formadora de buena parte de la infancia española, ya que gestiona la mayoría de los centros de enseñanza concertados y, merced a eso, continúa tratando de modelar las mentes más jóvenes en conformidad con sus principios, no con los valores democráticos compartidos, mientras se lleva un buen cacho de los presupuestos públicos. Y, termino, la institución religiosa mayoritaria en este país también ha puesto numerosas objeciones a la justicia en relación a los abusos sexuales cometidos por eclesiásticos, limitándose en la mayoría de los casos a trasladar a los sospechosos.

Y, por si el cristianismo romano fuera poco, hemos importado de Latinoamérica al reformismo, luterano y también de otras índoles, más ultramontano; ahora mismo me viene a la cabeza un conocido ex futbolista metido a predicador, con el discurso de la expiación de sus pecados. Añado que a los viejos católicos de nuestra derecha de siempre no los espanta lo herético ni lo ajeno a nuestra cultura de estos movimientos, si se alinean con sus objetivos, proporcionando más votantes y acríticos activistas y deteniendo el posible alineamiento de los inmigrantes más modestos con la causa común de los asalariados.


 
 
 

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