14 junio 2026 (1): La religión ya no suscita adhesiones inquebrantables ni rechazos apriorísticos
- Javier Garcia

- 14 jun
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Actualizado: 24 jun
Hace unos pocos días que León XIV ha visitado España. Y lo ha hecho rodeado de la atención desproporcionada de los representantes democráticos de la ciudadanía, poniendo en cuestión la naturaleza laica del estado y la equidistancia necesaria respecto de todos los credos y de los descreídos; por supuesto que también lo han acompañado el agasajo y la pleitesía de los católicos de a pie, amén de la sumisión formal de la alta jerarquía de la Iglesia Católica hispana, pese a que hace tres papados que no sintoniza con los sucesivos sumos pontífices (ni siquiera con Benedicto XVI, porque pese a su conservadurismo, muy próximo al mostrado por los prelados españoles, se manifestó bastante activo contra la lacra de la pederastia de las sotanas y trató de ordenar las finanzas en todos sus dominios, lo que perturbó la feliz pasividad de las diócesis de los Pirineos para acá).
Pero yo no quería hablar de lo obvio, sino de lo insólito. Y no deja de serlo el hecho de que sea la izquierda del arco político la que con mayor entusiasmo haya recibido al Papa, pese a que el tal ha seguido con su cantinela pro vida (contra el aborto y la eutanasia, quiero y quiere decir, porque para las víctimas de la violencia ya nacidas solo dedica generalidades, no vaya a ser que alguien se dé por señalado), mantiene la tradicional posición del Vaticano en relación a los géneros y, sobre todo, es extraordinariamente tibio contra las agresiones imperialistas (como Franco, tiene muy bien aprendido que no hay que meterse en política). Su buena imagen ante el progresismo tal vez se deba a que en ocasiones ha contraprogramado, aunque con cierta sordina, todo hay que decirlo, al señor Trump, y apoya la posición del ejecutivo español en relación a las migraciones.
Para la derecha y la ultraderecha española era de obligado cumplimiento el jalear al Sumo Pontífice, pero lo han hecho con discreción y sin el menor entusiasmo, porque no es ningún secreto que discrepan profundamente de una Iglesia que pretende congraciarse, aunque solo sea mediante un discurso poco beligerante, con los más pobres y discriminados. Los conservadores son partidarios de la Iglesia denunciante de los pecados privados, porque hablar demasiado de las injusticias que tienen un impacto público puede suscitar movimientos reivindicativos para nada convenientes a los intereses de los bien pensantes acomodados y, de rebote, de los eclesiásticos que los bendicen.
Y debo hablar al fin de la otra derecha, de esa que encarnan los nacionalismos periféricos y, más concretamente, de la nuestra, de la vasca. El nombre en euskera del Partido Nacionalista Vasco (PNV) es Euzko Alderdi Jeltzalea (EAJ), y esta denominación no es una traducción estricta del castellano, porque "Jeltzalea" quiere decir literalmente partidario del viejo lema de los Arana: "Jaungoikoa eta Lege Zaharrak" (Dios y Leyes Viejas). Dicho todo esto, creo que queda clara la relevancia de lo católico en el movimiento por una Euskadi independiente... pero, sin embargo, el Lehendakari Pradales ha sido el único presidente autonómico que no acudió a la recepción (besamanos) de Prevost en Madrid.
No hay otra explicación para esta decisión que no pase por entender que, para el PNV de hoy, es mucho más relevante no aparecer como parte del sistema político español que manifestar su adhesión a la religión de sus amores. Pero como tal comportamiento puede doler entre algunos de sus incondicionales de misa dominical (y hasta de entre semana en algunos casos), el Lehendakari ha salido del lío montándose una reunión con el Presidente canario, sobre un hipotético plan de gestión migratoria, al tiempo que León XIV visitaba las islas ¿afortunadas? y, así, saludarle escenificando su no sometimiento al yugo centralista.
De los otros, de Junts, no hay más noticia que el hallarse más que satisfechos con que el norteamericano inaugure oficialmente la Sagrada Familia.
Y cierro, la visita del "representante de Dios en la Tierra" ha posibilitado una ansiada tregua en la feroz contienda que se libra por el poder. El "reino de los cielos" no es de este mundo, así que mientras seguimos en este valle de lágrimas y por si acaso la existencia del país celestial no es confirmada por el experimento imposible de volver de entre los muertos, todos los esfuerzos se centran en dominar el "reino terráqueo" con la ayuda de lo supuestamente espiritual. Ya lo dice la cita apócrifa que algunos atribuían a Séneca: “La religión es considerada verdadera por el pueblo, falsa por los sabios y útil por los gobernantes”.

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