7 junio 2026 (2): La cuadratura del círculo (¿o circo?) político
- Javier Garcia

- hace 3 días
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Las ansias de alcanzar el poder por la vía de urgencia del Partido Popular lo llevan a considerar que, como es harto improbable que el PSOE adelante los comicios generales, pese a las intempestivas declaraciones de ciertos tolerados, y todavía no formalizados, tránsfugas, no les queda otra que precipitar los acontecimientos mediante una exitosa moción de censura.
El problema es que, para que eso ocurra, debe sumar a su causa a los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Que sí, son de su cuerda ideológica, pero para la tal alianza "los españoles de bien" perciben en los periféricos la exigencia de concesiones casi equivalentes a la transformación de España en una confederación. Demanda inaceptable para el centralismo Popular y, no digamos, de sus también socios necesarios de Vox.
La discrepancia se ha manifestado en toda su crudeza cuando, ante la solicitud de una negociación, Junts ha propuesto que Feijóo se desplace a Waterloo para dirimir la cuestión con Puigdemont. Toda una declaración de intenciones.
Así que la derecha en España está rota por sostenerse sobre muy variados nacionalismos que, a la vista de los reiterados desencuentros, pesan más que la similar concepción socioeconómica del país que todos ellos comparten. Y si a ello hemos de sumar que Junts y el PNV deben enmascarar su conservadurismo para mantener una buena porción de su electorado... pues eso, que el ansiado acuerdo es una ensoñación más del PP, que se enfrenta a la evidencia de que, para gobernar como desea, necesitaría alcanzar una mayoría absoluta de representación parlamentaria que no precisara de alianzas de ninguna clase. Y eso es muy difícil de conseguir cuando ha apostado por el sacrificio de las posibles adhesiones a sus proyectos en Catalunya y Euskadi en aras del incremento de sus votantes en el resto de la geografía española.
Así que la actual convergencia con Vox es la única estrategia viable; con el inconveniente de que eso radicaliza la propuesta política y ahuyenta a los electores más tibios. El camino emprendido para alcanzar el poder exige de la connivencia mayoritaria de la ciudadanía con los planteamientos de la extrema derecha. ¿Estarán las mentes populares más preclaras dispuestas a eso? Y si lo aceptan, ¿recibirán el respaldo necesario de los votos?

Lo dicho, de no existir Bildu o Esquerra los nacionalistas de pacotilla estarían ahora mismo gobernando encantados con el narco