11 octubre 2026 (2): Maricarmen

Ha muerto Maricarmen, una señora de 87 años tras... dejémoslo en un genérico maltrato, como miles de ancianas que fallecieron sin atención ni respeto durante la pandemia. Pero ya se sabe, cuando se habla de millares de víctimas de lo que sea es una estadística, pero si la infortunada es una concreta, con nombre bien conocido, la causa de su óbito se relaciona inevitablemente con las circunstancias que rodearon el último tiempo de su existencia, en este caso: el desahucio de su vivienda de toda la vida y su expulsión por la fuerza del tal inmueble. Así que quedan retratados: los propietarios del piso, la justicia que atendió a requerimientos insaciables, la administración directamente responsable (no estoy seguro de si el ayuntamiento o la comunidad autónoma), las fuerzas de ¿orden? público y la manada de fieras ultraliberales que se lanzaron en tromba para poner a la abuela de vuelta y media.
Total, que Maricarmen, muy a su pesar, ha pasado de la condición humana a la mítica, y su caso ha dejado de ser uno más para ejemplificar lo que esta sociedad descarnada está haciendo con el derecho constitucional a la vivienda. Hasta ha sido la espoleta que ha forzado la formalización de dos decretos leyes del Gobierno de España, presentados con reiteración por la oposición de los siempre insolidarios, para intentar restituir unos mínimos derechos de los inquilinos, frente a los exageradamente protegidos de los arrendadores, y adelantado la celebración de los próximos comicios generales bastantes meses.
La pregunta que me debo hacer ahora es si toda esa lucha denodada de la fallecida contra el poder económico y la justificadísima revuelta que ha suscitado entre los oprimidos en una primera instancia van a tener reales consecuencias. Y todo depende, claro, de que no triunfen las derechas el próximo 29 de noviembre. Que lo sepan los electores, la reacción quiere un estado reducido a la mínima expresión de sus recursos para la represión: el ejército, bien armado, las fuerzas policiales, insensibles ante la debilidad y la judicatura, de su cuerda. De triunfar estos inhumanos habrá tantas maricármenes que dejarán de significar una causa para convertirse en fríos números en los que apenas se reparará. Tendrán empleo bien retribuido, casa y asistencia social y sanitaria quienes puedan permitírselo merced a su dinero e influencias; a los demás les quedará sufrir toda clase de penalidades o quitarse de en medio anticipadamente mediante el suicidio o la eutanasia (para una inyección ahorradora, y a pesar de los fingidos pucheros del brazo religioso de los carcas, seguro que el sistema seguirá proporcionando la cobertura necesaria).

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